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miércoles, 18 de junio de 2014

Los voluntarios de la Cruz Roja

A pocos días de que termine el curso escolar, nuestra profesora, la señorita Paula, decidió que hoy haríamos una pequeña salida fuera del colegio. A todos nos encantó la idea, ya que cualquier actividad fuera del centro siempre era bien acogida. Esta vez conoceríamos de primera mano el trabajo que realizan los Voluntarios, concretamente los de la Cruz Roja.

Antes de salir nos recordó las normas de comportamiento, a pesar de que ya somos mayores y se supone que nos las sabemos de memoria. Creo que a los adultos les gusta mucho eso de repetir lo que debemos y no debemos hacer ¿Acaso creerán que somos sordos? ¿O quizás que no lo entendimos la primera vez que nos lo explicaron? De todas formas son costumbres que ellos tienen y que a las que ya no les busco mucha explicación. Solo espero que cuando yo sea grande no sea tan repetitiva.

Durante el camino, la señorita Paula, nos fue explicando que la Cruz Roja era una institución humanitaria que nació hacía 150 años, en principio con la intención de cuidar a los heridos en tiempos de guerra. Poco a poco se convirtió en un movimiento internacional que se dedicaba a ayudar a los demás, siempre con la inestimable ayuda de los Voluntarios.

-¿Alguien sabe qué son los Voluntarios? -nos preguntó la profesora.

-Voluntarios son los que hacen algo sin recibir nada a cambio -contestó Lucas muy seguro.

-Eso es, aunque sí que reciben algo. Su labor es recompensada con la gratitud de las personas a las que ayudan. Muchas veces una sonrisa o un simple gracias vale mucho más que cualquier otra recompensa -nos contó la señorita Paula.

Me quedé durante un rato meditando las palabras de mi maestra, y tenía razón cuando decía que, muchas veces el agradecimiento era mejor que cualquier otra cosa. Yo había sentido eso al hacer una buena acción. Recuerdo la satisfacción que me invadía y lo bien que me sentía conmigo misma.

Así, ensimismada en mis pensamientos y casi sin darme cuenta, llegamos al edificio donde se encontraban las instalaciones de la Cruz Roja. No era un inmueble muy alto. Tenía tres plantas y la fachada era de piedra con grandes ventanales de color rojo. En el medio, había una enorme bandera blanca con una cruz roja en el centro. La profesora nos explicó que este era el símbolo de la institución.

Entramos, y allí nos esperaba una señora muy sonriente. Se presentó como la directora del centro y nos dio la bienvenida. Con un gesto nos invitó a seguirla para enseñarnos las instalaciones. Todos la seguimos observando curiosos y atendiendo a las explicaciones que nos iba dando.

-Aquí está la pequeña centralita donde recibimos las llamadas de la gente que necesita algún tipo de ayuda. Debéis saber niños que nosotros intentamos ayudar a personas que están solas, enfermas o son muy mayores y necesitan cuidados y compañía. También realizamos campañas de recolección de ropa, alimentos y juguetes. Además de campañas para promover el respeto a la diversidad y la dignidad humana, reducir la intolerancia, la discriminación y la exclusión social. Por supuesto no seríamos nada sin las donaciones desinteresadas de la gente y sin la maravillosa labor de los Voluntarios.

-¿Qué hay que hacer para ser voluntaria? -pregunté de pronto.

-Bueno, lo primero de todo es querer colaborar y dar parte de tu tiempo libre a estar con los demás -habló de repente una voz detrás de nosotros.

-Este es Ángel, uno de nuestros voluntarios -dijo la directora a modo de presentación, mientras nos girábamos para verle.

Nos saludo con una sonrisa y nosotros con un “Hola” al unísono, al mismo tiempo que  empezamos a hacerle un interrogatorio lanzando preguntas a modo ametralladora. Sentíamos curiosidad por saber qué hacían realmente los voluntarios. Una vez que consiguió calmarnos, nos condujo a una sala que parecía como una de las aulas del colegio. Nos pidió que nos sentásemos en las sillas que había y con mucha paciencia nos fue explicando qué hacían exactamente.

Nos contó que intervenían para que las personas mayores se sientan lo menos aisladas posibles. Atendían a las víctimas de accidentes y participaban en rescates. Ayudaban y educaban a jóvenes con problemas, enseñándoles valores. Jugaban con niños enfermos en centros hospitalarios y colaboraban en la inserción social de personas inmigrantes. También participaban en programas de atención a mujeres víctimas de violencia doméstica, y en definitiva, luchaban por una sociedad más justa y solidaria.

Me quedé embobada escuchándole. Eso de luchar por una sociedad más justa y solidaria me encantaba. En ese momento sentí que quería ser voluntaria, yo también quería ayudar. Estaba decidida, y así sin pensarlo dos veces lo dije en voz alta “Quiero ser voluntaria”. Al escucharme todos se quedaron en silencio, mirándome como si hubiese dicho una locura. Solo Lucas me lanzó una sonrisa de complicidad que me hizo sentir aliviada.

-Eso está muy bien pequeña, cuantos más seamos, mucho mejor ¿Cómo te llamas? -me preguntó.

-Me llamo María, y me encantaría poder colaborar -contesté entusiasmada.

-Estoy seguro de que lo harías muy bien María, pero debes tener 16 años para ser voluntaria -me dijo al mismo tiempo que la decepción cubría mi rostro.

-Entonces ¿no puedo ahora? -pregunté con voz triste.

-Bueno si quieres puedes acompañarme algún día a visitar niños enfermos en el hospital, te llevaré encantado siempre que tus padres te dejen -me dijo Ángel.

-Oh sí, gracias. Seguro que me dejan -contesté llena de alegría.

-De todas formas si dentro de unos años sigues pensando igual, siempre podrás apuntarte para ser voluntaria. Estoy seguro de que lo harás estupendamente -me explicó con una sonrisa.

Reconozco que aquella salida escolar fue una de las mejores que tuvimos en todo el curso. No solo por lo mucho que aprendí y porque iba a irme un día con Ángel a visitar niños enfermos, sino porque comprendí, la importante labor de gente desinteresada que dedicaba parte de su tiempo a ayudar a los demás. No solo en Cruz Roja, también en todas las ONG que tanto bien hacen llevando consuelo y apoyo, aliviando en cierta forma el sufrimiento de los demás.
En este momento donde la Señora Crisis se ensaña con los más débiles y donde tantas familias lo están pasando mal, poder contar con gente así es maravilloso. Lo tengo decidido, en cuanto pueda me haré voluntaria.

miércoles, 2 de abril de 2014

Llegó la primavera...¿seguro?

Después de varias semanas de lluvias intensas, por fin, salía el sol. Supongo que era el anuncio de que la primavera estaba a la vuelta de la esquina. Todos nos sentíamos más contentos disfrutando de aquellos primeros rayos de nuestro astro rey, que nos daba calor y cargaba de energía. Parecía que la lluvia se había rendido y con un poco de suerte no volveríamos a verla en mucho tiempo. Pero como siempre, me equivocaba.

Dos días después de que la primavera hiciese su entrada oficial, de que los paragüas, chubasqueros y botas fuesen arrinconados en el fondo del armario, aparecieron unas nubes grises e inquietantes que volvían a invadir el cielo. Casi sin darnos cuenta, la lluvia volvió hacer acto de presencia y encima venía acompañada de frío y viento. Aquello parecía cualquier cosa, menos primavera.

Fue por este motivo que la señorita Paula, nuestra profesora, nos explicó que estos cambios en las estaciones no eran debidos a que el tiempo se había vuelto loco, como solían decir mis abuelos. El problema es algo más preocupante, ya que estamos inmersos en un fenómeno que se conoce como cambio climático.

-¿Alguno de vosotros sabría decirme que es el cambio climático? -nos preguntó la maestra.

-El cambio de las estaciones: otoño, invierno, primavera y verano -contestó uno desde el fondo de la clase.

-Bueno, es cierto que cada estación tiene un clima distinto pero no es eso -respondió la señorita Paula con una sonrisa.

-No sé si es cierto o no, pero mi papá dice que es otro recorte del gobierno que ahora pretende recortarnos el sol -dije yo, no muy convencida.

-Pues mira María, no sería algo que me sorprendiese mucho. Aunque creo que esta vez no es un recorte -me dijo la profe entre risas.

-Creo que tiene algo que ver con el calentamiento global -habló, de pronto Lucas, muy serio.

-Muy bien, eso ya es más acertado -dijo la profe muy contenta-. Como veo que estáis un poco perdidos en este tema, dedicaremos esta semana a estudiarlo y a buscar soluciones de cómo mejorar sus efectos adversos.

Entonces nos mandó ponernos en grupos de tres, para que buscásemos información y preparásemos un trabajo para presentar a finales de semana. Por supuesto Clara, mi mejor amiga, y yo, nos pusimos juntas. La sorpresa llegó cuando el tercero de nuestro grupo resultó ser Lucas. En ese momento sentí que mi corazón se aceleraba. Imaginarme las tardes estudiando con él era algo que me encantaba. Lo malo era Clara. A ella no le gustaba nada y siempre se mostraba reacia a que estuviésemos con él.

-Vaya por dios, nos ha tocado el pesadito -dijo Clara con ironía.

-No sé porqué te cae tan mal, es un buen estudiante y nos ayudará a hacer un buen trabajo. Seguro que quedaremos de los primeros -le repliqué.

-Claro, claro, como a ti te gusta y sabes que estará tontito contigo, por eso te parece fenomenal. Pues sabes que te digo, que si os estorbo os dejo solitos en plan tortolitos -me contestó molesta.

-Por favor Clara, no seas así. Es cierto que me gusta pero podías intentar llevarte bien con él. Estoy segura de que si le dieses una oportunidad verías que es un buen chico -le dije con ojos suplicantes intentado convencerla.

-Está bien, lo haré por ti. Pero que sepas que a la mínima tontería que me diga os dejó plantados -habló muy seria.

Al final, la semana transcurrió sin incidentes. Fueron estupendos los días con Lucas, lo pasamos muy bien y creo que Clara y él empezaron a llevarse mejor. Hicimos un buen trabajo, aprendimos muchas cosas que no sabíamos y hubo momentos en los que sentimos pena por lo inhumanos que podíamos llegar a ser con nuestro planeta.

Descubrimos que el hombre, en vez de proteger a la Tierra, la contamina. Somos los mayores culpables del calentamiento global, porque expulsamos gases tóxicos a nuestra atmósfera creando así el llamado “efecto invernadero”. Esto unido a la quema de bosques y la destrucción de los árboles, que son el pulmón de nuestro planeta, provoca un empeoramiento en nuestra calidad de vida. La subida de temperaturas daña a las plantas, animales y a las personas. En algunos lugares la tierra se está secando, los glaciares se derriten y hay más inundaciones. Nosotros tenemos en nuestra mano detener esto, o al menos mitigarlo. 

Fue así como en nuestro colegio iniciamos una campaña de concienciación para que la gente tomase medidas para ayudar a conservar nuestro planeta. Algunas de las soluciones serían la utilización de energías alternativas que no contaminan, como la energía solar. Reciclar materiales como el papel, que impediría la destrucción de más árboles, también el vidrio y el plástico. Pequeños gestos que nos ayudarían a la conservación de la tierra y tampoco cuestan tanto.

Por eso el sábado por la mañana, quedamos toda la clase en uno de los descampados de la ciudad. La señorita Paula pidió permiso para que pudiésemos plantar diez árboles en aquella zona. Nos encargaríamos entre todos de cuidarlos y sería nuestra aportación para cuidar el medio ambiente. Estábamos muy contentos con la idea, al fin y al cabo éramos los herederos del planeta y en nuestras manos estaba su futuro.

domingo, 9 de febrero de 2014

El diluvio universal

Este fin de semana nos fuimos al pueblo a visitar a los abuelos. Hacía algún tiempo que no pasábamos unos días con ellos. Aunque hablamos por teléfono todas las semanas para saber cómo están, a mí no me parece suficiente y la verdad es que les echo mucho de menos. Sobre todo los abrazos de oso del abuelo, el pan recién hecho de la abuela, el maravilloso paisaje de la granja e incluso el poder ayudar a acomodar a los animales. Por eso, cuando papá propuso ir a verlos, todos aceptamos encantados.

Llegamos el sábado por la mañana y el abuelo ya estaba esperándonos en la entrada. Salí corriendo del coche para saludarlo y acurrucarme en su pecho. Allí, protegida por sus brazos y abrigada por su calor, era donde más segura me sentía, y sin duda, uno de mis sitios preferidos.

-Yo también te echaba de menos mi pequeña -me susurró al oído.

-Venga, vamos, entrad en casa que os váis a mojar. Solo faltaba que os pusierais enfermos -dijo la abuela desde la puerta, apurándonos para que entrásemos.

-¡Hola abuelita! -grité al tiempo que me acercaba para besarla.

Una vez dentro de la casa, nos fuimos al salón para calentarnos al lado de la chimenea. Mamá nos mandó a mi hermano Pedro y a mí que nos quitásemos las chaquetas y las botas para que no nos enfriásemos. Aunque fuera de la granja hacía mucho frío y llovía sin parar, allí dentro se estaba muy bien. Mientras nos poníamos cómodos, apareció la abuela con un chocolate caliente y galletas. ¡Qué bien olía! ¡Y qué buenísimo estaba! 

Mientras saboreaba el chocolate, pensaba que todo era perfecto, bueno, todo menos la lluvia. Probablemente tendríamos que pasar el fin de semana en el interior de la casa sin poder salir, ya que todo estaba embarrado por las intensas lluvias de los últimos días. Y yo pensando que tal vez allí, en la granja, no llovería, que al estar en la montaña, saldría el sol…pero me equivocaba.

En la ciudad llevábamos muchos días en los que no paraba de llover. Tantos, que ya no recuerdo cuando fue la última vez que salió el sol. Es más, empezaba a dudar de su existencia. A veces daba la sensación como si hubiese una cañería rota en el cielo y no fuesen capaces de arreglarla. Hasta hubo un día que estuve tentada a decirle a mi papá si conocía algún fontanero bueno para mandarlo allá arriba, aunque seguro que se hubiese reído de mí, así que mejor me lo guardé y no comenté nada. Incluso llegué a pensar que a lo mejor la Señora Crisis tenía algo que ver, porque con tantos recortes que sufríamos, no me extrañaría nada que también quisieran recortarnos el sol.

Aunque lo peor de esta situación, la vivíamos en el colegio. Debido a este tiempo no teníamos recreo, bueno, tener lo teníamos, pero en el polideportivo o en la clase ya que no podíamos salir al patio porque siempre estaba mojado. Claro que la que estaba encantada era la señorita Paula, nuestra profesora, porque así aprovechábamos para repasar y hacer los deberes. A pesar de que intentamos protestar, todo fue inútil, ella nos convencía diciéndonos que así adelantábamos trabajo. No entiendo por qué tanta prisa por adelantar materia, total el curso no iba a terminar antes. Era curioso, que con tantos recortes en educación y esa era una de las pocas cosas que no se recortaban.

Por eso venir estos días al pueblo era una forma de despejarnos, a pesar de que la lluvia no nos daba tregua y seguía acompañándonos. Parecía como si las nubes hubiesen decidido venirse con nosotros de fin de semana.

-Esto es horroroso, no deja de llover, esto ya parece el diluvio universal -comentó la abuela muy seria.

-¿El diluvio universal? ¿Y eso qué es? -pregunté intrigada.

-¿Cómo es posible que no sepas lo que es? ¿Pero qué os enseñan en la escuela? -dijo muy sorprendida.

-Pues nos enseñan matemáticas, lengua, geografía, historia, etc. Pero de diluvios aún no dimos nada, ni siquiera sé que asignatura es. A lo mejor nos toca en la ESO, pero en primaria ya te digo yo que no -respondí muy formal.

Automáticamente las carcajadas inundaron el salón. No entendía qué había dicho de gracioso, pero hacía tiempo que eso ya no me molestaba. Sabía que los mayores son así y seguro que habría una explicación lógica a todo aquello. Después de unos minutos de risas, el abuelo se acercó a mí y fue él quien me desveló el misterio.

Me contó que era una historia de la Biblia, donde se relata que Dios viendo la maldad en el hombre, decidió enmendarla destruyéndolos. Fue así que le pidió a Noé, un sumo sacerdote, bueno y justo, que construyese un arca. En ella irían él, su esposa, sus hijos y las esposas de estos. Además de una pareja de animales de cada especie para repoblar la tierra. Una vez estuvo construida el arca, Dios abrió las nubes y llovió durante cuarenta días y cuarenta noches destruyendo todo lo que encontraba. Pasado este tiempo dejó de llover y pudieron salir del arca.

-Que historia más triste abuelo -hablé apenada.

-Bueno María, no es más que una leyenda y la razón por la que cuando llueve mucho se dice que parece el diluvio universal -me explicó.

-Pues ahora llevábamos muchos más días lloviendo sin parar ¿acaso viene otro diluvio? -pregunté preocupada.

-No cariño, tan solo es agua. Tranquila que parará muy pronto -me contestó el abuelo con una sonrisa.

De todas formas me pareció un relato cruel. Quizás los hombres no seamos todo lo buenos que deberíamos y muchas veces somos malos e injustos con nuestros semejantes, pero de ahí a destruirnos con un diluvio, me parece terrible. A pesar de todo, no me importaba lo que lloviese, estando en la granja rodeada de mi familia, estaba segura de que nada malo podría pasarme. Al final fue un fin de semana estupendo y ninguna lluvia logró estropearlo.

jueves, 27 de junio de 2013

Sin dinero será difícil estudiar

Por fin se acabaron las clases. Ya estábamos en verano y con él llegaban las ansiadas vacaciones de fin de curso. Por eso esta mañana no tuve que madrugar y pude dormir sin preocuparme por el dichoso despertador, ese que tantas veces me había enfadado a lo largo del año. Aún así, quedaba una última cosa por hacer y era ir a recoger las notas. Así que al mediodía papá y yo nos dirigimos al colegio porque habíamos quedado con la señorita Paula, mi profesora.

En cierta forma era un día un poco triste porque tenía que despedirme de mis compañeros hasta el próximo curso. Eso era lo único que no me gustaba y me daba un poquito de pena pensar que no nos veríamos en todo el verano. Aunque estoy segura que con Clara, mi mejor amiga, no perderé el contacto y a lo mejor con Lucas tampoco. Me pongo colorada solo con pensarlo ¿Por qué me sentiré así cuando le nombro?

Cuando llegamos a la escuela había un montón de padres y alumnos esperando ser atendidos por sus respectivos profesores. Pude observar que algunos tenían cara de preocupación, supongo que sería porque no habían aprobado todo, y otros, como yo, estaban felices y despreocupados. Estaba segura de que tendría unas buenas notas porque me había esforzado mucho durante el curso, a pesar de las constantes interrupciones de Lucas con sus tonterías.

Mientras esperábamos a que nos atendieran nos encontramos con Hugo y su padre, nuestros vecinos, que ya salían de hablar con su tutor. No se le veía muy contento y daba la impresión de que su padre estaba regañándole. Entonces nos acercamos a saludarles y mi papá le preguntó qué tal le había salido todo. En ese momento Hugo bajó la cabeza y no dijo nada, enseguida me di cuenta de que había suspendido.

-No muy bien la verdad, le quedó inglés. No sé qué vamos hacer con él -dijo su padre muy enfadado.

-Bueno hombre, no te pongas así que si solo dejo una tampoco es para tanto y seguro que en septiembre la recupera -le indicó mi papá.

-Pero es que siempre está igual, quita unas notas buenísimas y con el inglés no hay manera -seguía diciendo su padre.

-Jolines papá es que ese idioma es un rollo y no tiene sentido ¿Dónde has visto tú que se hable de una forma y se escriba de otra? Así no hay forma de aprendérselo -replicó Hugo intentando excusarse.

-La verdad es que algo de razón tiene y a mí tampoco me parece muy lógico ese idioma. De todas formas estoy segura de que la recuperarás porque tú eres un chico listo -le dije intentando animarlo y pensando que tampoco era tan extraño su razonamiento.

Aunque su padre no estaba muy de acuerdo con mi comentario y seguía insistiendo que aquello no podía ser, Hugo me miraba esbozando una pequeña sonrisa de complicidad en señal de agradecimiento por defenderle. La verdad es que me daba un poco de rabia por él porque era muy buen niño. Era de la misma edad que mi hermano Pedro y además de vecinos eran grandes amigos. Los dos acostumbraban a pasar muchas horas juntos jugando a la Play-Station y creo que ese era el problema por el que Hugo iba un poco justo en los estudios. Nos despedimos de ellos porque ya nos tocaba a nosotros y yo estaba impaciente por saber que diría mi maestra.

Entramos en la clase donde nos esperaba la señorita Paula, mi profesora. Al vernos nos invitó a pasar y con una sonrisa saludo a mi papá y luego a mí. A continuación, sacó el boletín de las notas y comenzó a explicarnos que había aprobado todo con una nota media de notable. Al escucharla se me iluminó la cara sintiéndome muy feliz conmigo misma. El esfuerzo de todo el año había merecido la pena. También me di cuenta de la satisfacción que sintió mi papá porque tenía una sonrisa de oreja a oreja. La maestra le contó que yo era una niña muy aplicada y tenía mucho potencial. Durante unos segundos me quedé pensando a qué se refería con lo de potencial ¿Sería algo de matemáticas? ¿De química quizás? De todas formas fuera lo que fuese parecía que era bueno.

-María tiene capacidad para estudiar la carrera universitaria que quiera y eso no todos los niños lo tienen -siguió diciendo la señorita Paula.

-Estoy seguro de que tiene razón, lo único que me preocupa es que con tantos cambios en la educación no podamos darle los estudios que se merece -dijo mi papá con una ligera tristeza.

-Es cierto que con estas nuevas leyes que están saliendo y todos los cambios que afectan sobre todo a la educación pública las cosas se están complicando para las familias con pocos recursos. Sería una verdadera lástima que niños con talento tuviesen que quedarse sin completar sus estudios por falta de medios -le respondió ella levemente apenada.

-De todas formas haremos lo imposible para que nuestra pequeña tenga las mejores oportunidades y no pienso permitir que ninguna ley trunque sus sueños de poder ser algo más -habló mi papá muy decidido.

En ese momento, le cogí de la mano para que sintiera que yo estaba con él y que entendía su malestar ante la posibilidad de que no pudiese estudiar lo que quería. Todo por culpa de las reformas que se estaban haciendo en la enseñanza pública. Me parecía injusto que tuviese que quedarme a las puertas de estudiar lo que quisiera por el simple hecho de no tener dinero para pagarme una carrera. Pero no quise pensar más en aquello, aún faltaba mucho tiempo y prefería saborear mis resultados académicos sin especular en nada más. Nos despedimos de mi maestra deseándole que disfrutase de un buen verano.

Al salir nos encontramos con mi amiga Clara y su tía. Al vernos nos abrazamos entre grititos de alegría felices por habernos encontrado. Ella también estaba muy contenta porque había aprobado todo. Quedamos en que nos veríamos durante el verano ya que probablemente ambas lo pasaríamos en la ciudad. Justo cuando nos despedíamos apareció Lucas y automáticamente empecé a notar como mi cara se ponía roja igual que un tomate. Se acercó a nosotras para saludarnos y nos dijo que él también había sacado buenas notas. La verdad es que no me extrañaba, era muy inteligente y de los primeros de la clase, a pesar de pasarse la mitad del tiempo haciendo bromas.

Finalmente nos despedimos de los demás compañeros deseándonos un buen verano. Clara y yo quedamos de vernos en la próxima semana. Fue en ese momento cuando Lucas, aproximándose a mí, me dijo que esperaba verme durante las vacaciones y que podríamos quedar algún día para ir a la piscina o al parque. Asentí con la cabeza sintiendo, una vez más, esa sensación extraña en mi estómago cada vez que él se me acercaba. Tengo la sensación de que este será un magnifico verano.

jueves, 21 de marzo de 2013

19 de Marzo: Día del Padre y de la Nit de la Cremà

Hoy celebramos el día del padre. Fue por eso que esta mañana, nada más entrar en la clase, nuestra profesora, la señorita Paula, nos dijo que dedicaríamos el día para hacerles los regalos a nuestros papás. Toda la clase asintió entusiasmada ante la propuesta de la maestra. Entonces nos pidió que pensáramos con qué podríamos sorprenderles. Después de meditarlo durante unos minutos, empezamos a decir lo que a cada uno le parecía lo mejor. Unos propusieron una postal decorada, otros una corbata de cartulina, algunos preferían hacer un portalápices...

-A mí me gustaría un marco para poner una foto de él y mía. Así cada vez que la vea, se acordará de lo mucho que le quiero -dije de pronto poniéndome en pie.

-Eso esta muy bien ¿Qué os parece la idea de María? -preguntó la profesora dirigiéndose al resto de la clase.

A todos les pareció una idea estupenda y decidimos que era eso lo que haríamos. Ya solo nos faltaba apuntar los materiales que íbamos a necesitar para confeccionar nuestro regalo. Así que hicimos una pequeña lista de lo que precisábamos: dos cartulinas gruesas, una de color negro y otra amarillo, papel de plata, pasta alimentaria, unas tijeras y un tubo de pegamento.

Fue así, como por la tarde, llevamos a la clase todo lo necesario para comenzar con la confección de nuestro obsequio. Al principio se formó un gran revuelo, todos hablábamos a la vez de cómo debíamos hacerlo, y claro, así no había forma de entenderse. Entonces la señorita Paula nos pidió calma y empezó a organizarnos para que todo saliese perfecto. Nos dijo que podíamos ponernos en grupos de tres y así nos ayudábamos unos a otros. Por supuesto Clara y yo nos pusimos juntas. Pero como nos faltaba una para formar nuestro grupo de trabajo, y no queríamos niños, sobre todo Clara, escogimos a Alicia, para que hiciese el trabajo con nosotras.

A pesar de que ya llevaba en nuestra clase desde principio de curso, todavía seguía teniendo problemas para integrarse con los demás niños. Pero con nosotras se sentía bien, tanto que nos había contado que sus padres se estaban separando y que se peleaban por ganarse su cariño. Es por eso que su madre no le había comprado nada para poder hacer el regalo a su padre. Me costaba mucho entender la actitud de su mamá y me daba pena porque ella sufría por culpa de la guerras que sus padres mantenían.

-No te preocupes Alicia, nosotras compartiremos nuestro material contigo -le dije con una sonrisa.

-Pues claro que sí, además mi tía es una exagerada y me compró para hacer tres marcos por lo menos -nos contó Clara entre risas.

-Muchas gracias chicas, sois estupendas -dijo Alicia ligeramente emocionada.

Un par de horas después termínanos nuestros marcos, con algún que otro dedo pegado y con algún pequeño cortecito con la tijera, aunque todo muy leve. La verdad es que nos quedaron chulísimos, y ya solo faltaba ponerle la foto que llevaría por dentro. Cada uno puso la que más le gustaba. La mía era una de mis favoritas y estaba segura que a mi papá le iba a encantar.

Una vez termínanos, nuestra profesora nos recordó que debíamos entregárselo esta noche. Por último nos indicó que podíamos escribirle una pequeña tarjeta de felicitación. En ella además de felicitarle, deberíamos expresar nuestros sentimientos hacia nuestro papá. Al hacerlo, no pude evitar emocionarme, pensando en lo mucho que le quería y en lo importante que era para mí.

Cuando llegué a casa, me puse hacer los deberes a la velocidad del rayo, deseando que las horas pasaran rápidamente para poder entregarle el regalo. Por fin llegó la hora de cenar, y tan deprisa comía, que mamá empezó a regañarme diciéndome que fuese más despacio o terminaría por atragantarme. Nada mas terminar, pedí permiso para levantarme y me fui corriendo a mi habitación para buscar mi obsequio. Lo había envuelto en papel plata y le había puesto una pegatina roja que ponía ¡Feliz día papá! Volví a entrar en la cocina y me dirigí hacia él, primero le di un abrazo muy fuerte y a continuación le entregué mi regalo.

-¡Vaya qué sorpresa! ¿Es para mí? ¿Qué será? -me preguntó.

-Ábrelo y lo sabrás -le dije algo impaciente.

Comenzó a desenvolverlo con mucho cuidado para no romper el papel, y cuando lo abrió, se quedó mirándolo durante unos minutos sin decir nada. El marco era muy bonito pero lo mejor estaba dentro. Allí había puesto una foto de él y mía cuando yo era solo un bebé. Mi papá me tenía en sus brazos, y yo le miraba con una gran sonrisa, mientras con mi manita sujetaba su dedo pulgar. Aproveché ese momento, para darle la tarjeta y pedirle que la leyese. En ella ponía:

Te quiero mucho papá, porque eres mi mejor amigo.
Mi mejor ejemplo y mi mejor maestro.
Mi héroe en los juegos y mi compañero en el camino.
Porque estás siempre que te necesito.
Por todo esto te doy las gracias.
¡Muchas felicidades!

No dijo nada, tan solo me abrazó muy fuerte. Sentí todo su amor y cariño acurrucada en su pecho. Entonces me susurró al oído que estaba muy orgulloso de mí y que era la mejor hija que se podía tener. Aunque creo que exageraba y la emoción que sentía en ese momento le hacía decir esas cosas, pero fuera como fuese, a mí me gustaba.

Pasados unos minutos, mamá nos interrumpió, ligeramente emocionada, para decirnos que nos sentásemos, que ahora empezaba en la tele la Nit de la Cremà. Yo no sabía de qué hablaba y mucho menos en que idioma lo hacía. Entonces papá me contó que era una fiesta valenciana que se celebraba el mismo día del padre. Las calles de aquella ciudad estaban adornadas por figuras preciosas que representaban distintos momentos de la vida y la sociedad. Las había sobre los políticos, sobre personajes famosos, otras eran infantiles, etc. Pero sobre todo había muchos fuegos artificiales y petardos, que hacían tanto ruido que parecía que te ibas a quedar sordo. De pronto, pasó algo que me dejo atónita, aquellas figuras tan bonitas y que tanto trabajo habían dado a sus creadores, comenzaron a arder.

-Pero ¿Qué hacen? ¿Están locos o qué pasa? -pregunté sorprendida.

-No nena, esas figuras son las fallas. Su fin es arder en este día, después de días expuestas para que todo el mundo las vea y disfrute de su belleza -me explicó mi papá.

Lo que me faltaba por oír. No podía entender que quemasen algo tan precioso y que seguramente había costado un montón de trabajo y dinero. La verdad es que me daba pena ver como eran devoradas por el fuego. En vez de disfrutar con las figuras tan hermosas, lo que más les gustaba era ver como se quemaban. Hasta el punto de que le hacían una fiesta por todo lo alto ¡Que raros son los mayores!