.

miércoles, 2 de abril de 2014

Llegó la primavera...¿seguro?

Después de varias semanas de lluvias intensas, por fin, salía el sol. Supongo que era el anuncio de que la primavera estaba a la vuelta de la esquina. Todos nos sentíamos más contentos disfrutando de aquellos primeros rayos de nuestro astro rey, que nos daba calor y cargaba de energía. Parecía que la lluvia se había rendido y con un poco de suerte no volveríamos a verla en mucho tiempo. Pero como siempre, me equivocaba.

Dos días después de que la primavera hiciese su entrada oficial, de que los paragüas, chubasqueros y botas fuesen arrinconados en el fondo del armario, aparecieron unas nubes grises e inquietantes que volvían a invadir el cielo. Casi sin darnos cuenta, la lluvia volvió hacer acto de presencia y encima venía acompañada de frío y viento. Aquello parecía cualquier cosa, menos primavera.

Fue por este motivo que la señorita Paula, nuestra profesora, nos explicó que estos cambios en las estaciones no eran debidos a que el tiempo se había vuelto loco, como solían decir mis abuelos. El problema es algo más preocupante, ya que estamos inmersos en un fenómeno que se conoce como cambio climático.

-¿Alguno de vosotros sabría decirme que es el cambio climático? -nos preguntó la maestra.

-El cambio de las estaciones: otoño, invierno, primavera y verano -contestó uno desde el fondo de la clase.

-Bueno, es cierto que cada estación tiene un clima distinto pero no es eso -respondió la señorita Paula con una sonrisa.

-No sé si es cierto o no, pero mi papá dice que es otro recorte del gobierno que ahora pretende recortarnos el sol -dije yo, no muy convencida.

-Pues mira María, no sería algo que me sorprendiese mucho. Aunque creo que esta vez no es un recorte -me dijo la profe entre risas.

-Creo que tiene algo que ver con el calentamiento global -habló, de pronto Lucas, muy serio.

-Muy bien, eso ya es más acertado -dijo la profe muy contenta-. Como veo que estáis un poco perdidos en este tema, dedicaremos esta semana a estudiarlo y a buscar soluciones de cómo mejorar sus efectos adversos.

Entonces nos mandó ponernos en grupos de tres, para que buscásemos información y preparásemos un trabajo para presentar a finales de semana. Por supuesto Clara, mi mejor amiga, y yo, nos pusimos juntas. La sorpresa llegó cuando el tercero de nuestro grupo resultó ser Lucas. En ese momento sentí que mi corazón se aceleraba. Imaginarme las tardes estudiando con él era algo que me encantaba. Lo malo era Clara. A ella no le gustaba nada y siempre se mostraba reacia a que estuviésemos con él.

-Vaya por dios, nos ha tocado el pesadito -dijo Clara con ironía.

-No sé porqué te cae tan mal, es un buen estudiante y nos ayudará a hacer un buen trabajo. Seguro que quedaremos de los primeros -le repliqué.

-Claro, claro, como a ti te gusta y sabes que estará tontito contigo, por eso te parece fenomenal. Pues sabes que te digo, que si os estorbo os dejo solitos en plan tortolitos -me contestó molesta.

-Por favor Clara, no seas así. Es cierto que me gusta pero podías intentar llevarte bien con él. Estoy segura de que si le dieses una oportunidad verías que es un buen chico -le dije con ojos suplicantes intentado convencerla.

-Está bien, lo haré por ti. Pero que sepas que a la mínima tontería que me diga os dejó plantados -habló muy seria.

Al final, la semana transcurrió sin incidentes. Fueron estupendos los días con Lucas, lo pasamos muy bien y creo que Clara y él empezaron a llevarse mejor. Hicimos un buen trabajo, aprendimos muchas cosas que no sabíamos y hubo momentos en los que sentimos pena por lo inhumanos que podíamos llegar a ser con nuestro planeta.

Descubrimos que el hombre, en vez de proteger a la Tierra, la contamina. Somos los mayores culpables del calentamiento global, porque expulsamos gases tóxicos a nuestra atmósfera creando así el llamado “efecto invernadero”. Esto unido a la quema de bosques y la destrucción de los árboles, que son el pulmón de nuestro planeta, provoca un empeoramiento en nuestra calidad de vida. La subida de temperaturas daña a las plantas, animales y a las personas. En algunos lugares la tierra se está secando, los glaciares se derriten y hay más inundaciones. Nosotros tenemos en nuestra mano detener esto, o al menos mitigarlo. 

Fue así como en nuestro colegio iniciamos una campaña de concienciación para que la gente tomase medidas para ayudar a conservar nuestro planeta. Algunas de las soluciones serían la utilización de energías alternativas que no contaminan, como la energía solar. Reciclar materiales como el papel, que impediría la destrucción de más árboles, también el vidrio y el plástico. Pequeños gestos que nos ayudarían a la conservación de la tierra y tampoco cuestan tanto.

Por eso el sábado por la mañana, quedamos toda la clase en uno de los descampados de la ciudad. La señorita Paula pidió permiso para que pudiésemos plantar diez árboles en aquella zona. Nos encargaríamos entre todos de cuidarlos y sería nuestra aportación para cuidar el medio ambiente. Estábamos muy contentos con la idea, al fin y al cabo éramos los herederos del planeta y en nuestras manos estaba su futuro.

domingo, 9 de febrero de 2014

El diluvio universal

Este fin de semana nos fuimos al pueblo a visitar a los abuelos. Hacía algún tiempo que no pasábamos unos días con ellos. Aunque hablamos por teléfono todas las semanas para saber cómo están, a mí no me parece suficiente y la verdad es que les echo mucho de menos. Sobre todo los abrazos de oso del abuelo, el pan recién hecho de la abuela, el maravilloso paisaje de la granja e incluso el poder ayudar a acomodar a los animales. Por eso, cuando papá propuso ir a verlos, todos aceptamos encantados.

Llegamos el sábado por la mañana y el abuelo ya estaba esperándonos en la entrada. Salí corriendo del coche para saludarlo y acurrucarme en su pecho. Allí, protegida por sus brazos y abrigada por su calor, era donde más segura me sentía, y sin duda, uno de mis sitios preferidos.

-Yo también te echaba de menos mi pequeña -me susurró al oído.

-Venga, vamos, entrad en casa que os váis a mojar. Solo faltaba que os pusierais enfermos -dijo la abuela desde la puerta, apurándonos para que entrásemos.

-¡Hola abuelita! -grité al tiempo que me acercaba para besarla.

Una vez dentro de la casa, nos fuimos al salón para calentarnos al lado de la chimenea. Mamá nos mandó a mi hermano Pedro y a mí que nos quitásemos las chaquetas y las botas para que no nos enfriásemos. Aunque fuera de la granja hacía mucho frío y llovía sin parar, allí dentro se estaba muy bien. Mientras nos poníamos cómodos, apareció la abuela con un chocolate caliente y galletas. ¡Qué bien olía! ¡Y qué buenísimo estaba! 

Mientras saboreaba el chocolate, pensaba que todo era perfecto, bueno, todo menos la lluvia. Probablemente tendríamos que pasar el fin de semana en el interior de la casa sin poder salir, ya que todo estaba embarrado por las intensas lluvias de los últimos días. Y yo pensando que tal vez allí, en la granja, no llovería, que al estar en la montaña, saldría el sol…pero me equivocaba.

En la ciudad llevábamos muchos días en los que no paraba de llover. Tantos, que ya no recuerdo cuando fue la última vez que salió el sol. Es más, empezaba a dudar de su existencia. A veces daba la sensación como si hubiese una cañería rota en el cielo y no fuesen capaces de arreglarla. Hasta hubo un día que estuve tentada a decirle a mi papá si conocía algún fontanero bueno para mandarlo allá arriba, aunque seguro que se hubiese reído de mí, así que mejor me lo guardé y no comenté nada. Incluso llegué a pensar que a lo mejor la Señora Crisis tenía algo que ver, porque con tantos recortes que sufríamos, no me extrañaría nada que también quisieran recortarnos el sol.

Aunque lo peor de esta situación, la vivíamos en el colegio. Debido a este tiempo no teníamos recreo, bueno, tener lo teníamos, pero en el polideportivo o en la clase ya que no podíamos salir al patio porque siempre estaba mojado. Claro que la que estaba encantada era la señorita Paula, nuestra profesora, porque así aprovechábamos para repasar y hacer los deberes. A pesar de que intentamos protestar, todo fue inútil, ella nos convencía diciéndonos que así adelantábamos trabajo. No entiendo por qué tanta prisa por adelantar materia, total el curso no iba a terminar antes. Era curioso, que con tantos recortes en educación y esa era una de las pocas cosas que no se recortaban.

Por eso venir estos días al pueblo era una forma de despejarnos, a pesar de que la lluvia no nos daba tregua y seguía acompañándonos. Parecía como si las nubes hubiesen decidido venirse con nosotros de fin de semana.

-Esto es horroroso, no deja de llover, esto ya parece el diluvio universal -comentó la abuela muy seria.

-¿El diluvio universal? ¿Y eso qué es? -pregunté intrigada.

-¿Cómo es posible que no sepas lo que es? ¿Pero qué os enseñan en la escuela? -dijo muy sorprendida.

-Pues nos enseñan matemáticas, lengua, geografía, historia, etc. Pero de diluvios aún no dimos nada, ni siquiera sé que asignatura es. A lo mejor nos toca en la ESO, pero en primaria ya te digo yo que no -respondí muy formal.

Automáticamente las carcajadas inundaron el salón. No entendía qué había dicho de gracioso, pero hacía tiempo que eso ya no me molestaba. Sabía que los mayores son así y seguro que habría una explicación lógica a todo aquello. Después de unos minutos de risas, el abuelo se acercó a mí y fue él quien me desveló el misterio.

Me contó que era una historia de la Biblia, donde se relata que Dios viendo la maldad en el hombre, decidió enmendarla destruyéndolos. Fue así que le pidió a Noé, un sumo sacerdote, bueno y justo, que construyese un arca. En ella irían él, su esposa, sus hijos y las esposas de estos. Además de una pareja de animales de cada especie para repoblar la tierra. Una vez estuvo construida el arca, Dios abrió las nubes y llovió durante cuarenta días y cuarenta noches destruyendo todo lo que encontraba. Pasado este tiempo dejó de llover y pudieron salir del arca.

-Que historia más triste abuelo -hablé apenada.

-Bueno María, no es más que una leyenda y la razón por la que cuando llueve mucho se dice que parece el diluvio universal -me explicó.

-Pues ahora llevábamos muchos más días lloviendo sin parar ¿acaso viene otro diluvio? -pregunté preocupada.

-No cariño, tan solo es agua. Tranquila que parará muy pronto -me contestó el abuelo con una sonrisa.

De todas formas me pareció un relato cruel. Quizás los hombres no seamos todo lo buenos que deberíamos y muchas veces somos malos e injustos con nuestros semejantes, pero de ahí a destruirnos con un diluvio, me parece terrible. A pesar de todo, no me importaba lo que lloviese, estando en la granja rodeada de mi familia, estaba segura de que nada malo podría pasarme. Al final fue un fin de semana estupendo y ninguna lluvia logró estropearlo.

lunes, 6 de enero de 2014

Día de Reyes, fin de las Navidades

De todos los días de las navidades, sin duda, el día de Reyes es el mejor. A pesar de que esto significa que las vacaciones se acaban y que pronto comienza el cole de nuevo, este sigue siendo mi día favorito de estas fiestas. Que conste que no solo lo digo por los regalos, que también, sino sobre todo porque me gusta después de un año esperando, volver a comer la rosca de reyes, umm mi postre preferido.

Aunque no entiendo porqué solo la podemos comer este día, con lo fantástico que sería poder comerla cuando te apeteciese. Pero bueno, lo importante es que esta mañana mi papá y yo fuimos a la pastelería para comprar una bien grande. Cuando llegamos, nos encontramos con Hugo y su perrito Iker que esperaban su turno para comprar la suya. Nos saludamos y mientras mi padre y él hablaban yo me agaché para acariciar al animalito, al tiempo que comencé a recordar lo fantásticas que fueron aquellas navidades.

A raíz de la publicación del cuento, “Los misteriosos sueños de Hugo” de Silvia, la mamá de Hugo, nuestras familias se unieron un poco más. Durante las tres semanas de vacaciones de navidad, les ayudé con la promoción de su libro. Primero diciéndoles a mis amigos que no olvidaran incluirlo en su carta a los Reyes Magos, porque como bien decía Silvia, era importante leer para poder viajar a mundos mágicos como el de los Ñukys. También visitamos las librerías de la ciudad para enseñarles el cuento y que lo incluyeran entre sus libros. Todos fueron muy amables con nosotros y poco a poco el cuento de Silvia va haciéndose un hueco en el mundo literario.

Fue por eso que mis padres decidieron invitarlos para pasar las fiestas con nosotros. A mí me encantó la idea, además también vinieron los abuelos y unos primos de Hugo, entre ellos, Sandra con su hijo Cosme de tres años y con el que nos lo pasamos genial. Nos sentíamos una gran familia y eso era estupendo.

El día de Nochebuena cenamos todos en mi casa. Durante la tarde ayudé a mamá con los preparativos de la cena. Sinceramente creo que nos pasamos con tanta comida y, como siempre, terminó sobrando, pero mamá decía que era mejor que sobrase a que faltase. Así que nos pasamos horas cocinando platos riquísimos que luego saboreamos entre risas.

Aunque lo más divertido sucedió cuando mi papá nos dijo que Papa Noel había llegado y dejó unos regalitos para nosotros, debajo del árbol de navidad. Nada más oírle, Cosme, el primito de Hugo, corrió a esconderse detrás de su madre y era incapaz de acercarse al salón para comprobar qué le había traído. Todos nos pusimos a reír a carcajadas ante el temor del pequeño, mientras Silvia intentaba tranquilizarle y le animaba a que fuese a buscar su regalo. Pero no había forma de convencerle, hasta Iker, al ver el miedo del niño, metió su rabito entre las piernas y se puso detrás de su amo, por si acaso.

Ya que no había manera de animarle a buscar su regalo, decidimos ir todos con él al salón. Al llegar descubrimos que debajo del arbolito había unos cuantos paquetes envueltos con un papel muy brillante. Cada uno llevaba una tarjetita con un nombre. Había uno para mí, otro para Hugo, otro para mi hermano Pedro, otro para Cosme y lo más sorprendente fue que había uno para Iker.

Nada más verlos, nos abalanzamos sobre ellos para abrirlos. A mi hermano le dejó una chaqueta, a Hugo un polar y a mí una bufanda con los guantes a juego. Todos estábamos muy contentos con nuestros regalos y mientras nos los probábamos, Cosme nos observaba incapaz de abrir el suyo, así que se lo acerqué y le ayudé a abrirlo. Era una diana de colores con pelotitas de velcro chulísima. El niño se puso muy contento y mi papá la montó y se la colgó para que pudiese probarla. Ya no hubo quién lo moviera de allí en toda la noche.

Con la emoción de Cosme, nos habíamos olvidado del regalo del Iker. Este estaba sentado al lado de su obsequio esperando que alguien se lo abriese. Así que fue mi hermano el que rompió el papel para ver lo que escondía el paquetito, ante la atenta mirada del perrito que se había puesto en pie moviendo su rabito sin parar. Era una pelota de colores con un cascabel dentro, y nada más verla, comenzó a mordisquearla y a ladrarle sin parar, lo que provocó las carcajadas de todos.

Fue una noche fantástica y en la que disfrutamos mucho. Prometimos que el año próximo volveríamos a hacerla todos juntos ya que nos sentíamos una gran familia.

-María, vamos que ya nos toca -dijo mi papá despertándome de mis recuerdos navideños.

-Ah, sí, ya voy -contesté levantándome y entrando en la pastelería.

Mientras comprábamos la rosca de reyes, volví a pensar en lo bonitas e inesperadas que fueron estas navidades y, que a veces, no necesitamos tener lazos familiares para sentir a los demás como parte de los tuyos. Para nosotros nuestros vecinos eran mucho más que eso y nos hizo muy felices compartir unas fechas tan entrañables con ellos. Al fin y al cabo lo importante de la navidad era poder compartir lo que tienes con la gente que quieres. Y, justo eso, fue lo que hicimos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Presentación de "Los misteriosos sueños de Hugo"

El fin de semana pasado fue muy emocionante. Asistimos a la presentación del cuento de Silvia, “Los misteriosos sueños de Hugo”, que tuvo lugar en el Espazo Xove de Ourense. Yo nunca había ido a algo así y no dejaba de pensar cómo sería una presentación de un cuento ¿con un apretón de manos y diciendo hola que tal? ¿O quizás con un “encantada mucho gusto”? Aunque pensándolo bien, si era un libro, este no podría contestarte.

En ese momento mi mamá me llamó apremiándome para que terminara porque se hacía tarde. Fue así como bajé de la nube y salí corriendo de mi habitación para reunirme con mi familia. El acto comenzaba en una hora y mis padres querían estar un poco antes de que llegase la gente.

Cuando llegamos al Espazo Xove, Silvia ya estaba allí charlando con el editor de su libro y al vernos se acercó a nosotros para saludarnos. Mi madre le dio un abrazo mientras le decía lo orgullosos que nos sentíamos de ella. Mientras ellos charlaban animadamente, yo me colé en la sala donde se iba a celebrar el evento.

El salón era muy bonito, en color marfil y con unas fotos preciosas que decoraban las paredes. En uno de los laterales había una mesa que era donde se sentarían los participantes de la presentación: Luis (editor del libro), Merche (coordinadora del Espazo Xove), Verónica (amiga y lectora) y por supuesto, Silvia, la autora. Colocadas en semi círculo estaban las sillas para que la gente pudiese sentarse. En una esquina del salón estaba el grupo de música Hora Meiga, a los que había conocido el verano pasado en la granja de los abuelos. Estaban colocando sus instrumentos, ya que ellos amenizarían el acto con su música mágica.

-¡Hola María! Me alegro de verte -me dijo Marko, el gaiteiro del grupo.

-¡Gracias! Yo también me alegro de verte -le saludé con una sonrisa.

-¿Ya te has leído el cuento? -me preguntó.

-Por supuesto y me encanta, sobre todo volar con los Ñukys a la luna - le contesté.

-Sí a mí también me gusta. Hasta hemos compuesto un tema dedicado al cuento que hoy tocaremos y que se titula “No mundo dos Ñukys” -me contó Marko.

-¡Vaya, eso es genial! Estoy deseando escucharlo -le dije muy contenta.

-¿Qué haces ahí Maria? -dijo mi papá acercándose a donde estábamos el gaiteiro y yo.

-Hablaba con Marko papá y ¿sabes una cosa? tienen una canción para el cuento de Silvia ¿a que es estupendo? -le expliqué.

A él también le pareció fantástico y después de saludar al gaiteiro y al resto del grupo nos fuimos para sentarnos porque la gente empezaba a entrar y pronto comenzaría el acto. Justo cuando iba a sentarme alguien me saludó por detrás y al darme la vuelta cual fue mi sorpresa al encontrarme a Jose, el dueño de Thays la perrita que le gusta a Iker, que es el perrito de Hugo. Hacía casi un año que no le veía y me alegré muchísimo que estuviera allí acompañando a Silvia en un momento tan importante para ella. Estuvimos charlando un ratito y me dijo que no se lo hubiese perdido por nada del mundo.

Poco a poco el salón se fue llenando de gente y a mi lado se sentó una chica con su hija. Enseguida me di cuenta de que aquella niña era especial y como no dejaba de mirarme le pregunté cómo se llamaba. Su mamá me dijo que su nombre era Naiara y tenía cuatro años. Ella se llamaba Pili, desde hacía tiempo leían las historias de Silvia y hoy se habían acercado para conocerla. En ese momento entendí la emoción que Silvia sintió al conocerlas y lo feliz que le hizo ver a Naiara.

Entonces la música comenzó a sonar anunciando que la presentación iba a empezar. Unos minutos después Luis, el editor dirigió unas palabras al público. Después habló Merche de cómo conoció a Silvia y de lo mucho que le gustaba su cuento. Llegó el momento de Verónica, que leyó un trocito del cuento y aunque estaba un poco nerviosa debo decir que lo hizo muy bien. Una vez finalizó su intervención, comenzó a sonar “Os mundos dos Ñukys”. En ese momento especial, el salón se quedó en silencio, mientras las mágicas notas nos invadían invitándonos a soñar y a volar a un mundo fantástico. Al finalizar la música todos aplaudimos la magnífica interpretación de Hora Meiga.

A continuación llegó el turno de la autora Comenzó agradeciendo a todas aquellas personas que contribuyeron en la organización del acto. A todos los que asistimos y la acompañamos en ese momento y también a los que no pudieron venir y que de alguna forma estuvieron apoyando con sus mensajes y llamadas. Por supuesto no olvidó a aquellos que la ayudaron con su libro, corrigiéndolo y mejorándolo, sobre todo a algunos amigos que en momentos bajos la animaron a continuar. También a su familia que siempre creyó en ella. A medida que hablaba, se notaba que estaba feliz y emocionada.

Aunque lo que más me gustó fue cuando dijo que los sueños podían cumplirse y que debíamos creer en ellos. Luchar por conseguir aquello que nos llena y nos hace felices y confiar en que todo es posible. Invitó a los padres a que promuevan la lectura entre sus hijos y que le den herramientas que ayuden a estimular su imaginación. Su mensaje fue que nunca dejemos de soñar y volar a mundos mágicos como el de los Ñukys.

Después de los aplausos por sus palabras llegó el momento de firmar su cuento. Todos querían una dedicatoria de la autora, y fue así, como se formó una pequeña cola que esperaba pacientemente su turno. Silvia atendió a todos con una sonrisa, daba besos y abrazos y se alegraba cuando veía a gente de su pueblo, amigas de la infancia, vecinos y personas que recorrieron km para conocerla.

Unos minutos más tarde, por fin me tocó a mí. Al verme allí delante de ella con mi libro en la mano, se levantó y me dio un par de besos. Entonces agarró el cuento y comenzó a escribir en él, luego me lo entregó y me dijo “Gracias María por todas las alegrías que me das”. Salí de la fila y me fui corriendo a un lado para leer lo que me puso y decía:

“A mi pequeña María, mi niña preciosa que tan feliz me hace. Bienvenida al mundo de los Ñukys donde los sueños se convierten en realidad y espero que tú seas mi próxima realidad. Con mucho amor. Silvia (Lúa Máxica)

jueves, 21 de noviembre de 2013

Entrevista en la radio a mi autora

Hoy fue un día genial. Me pasé toda la mañana ayudando a Hugo, mi vecino, a colgar los carteles de la presentación del cuento de su madre, Silvia. Todos estamos emocionados y felices por ella y es por eso que mi hermano Pedro y yo nos ofrecimos a ayudarles en todo lo que necesitasen. Hasta Iker, su perrito, nos acompañó en nuestra tarea de repartir carteles por toda la ciudad y cada vez que poníamos uno ladraba muy contento moviendo su rabito.

Los carteles son chulísimos, llenos de colores y con la portada del cuento “Los misteriosos sueños de Hugo”. Como premio a nuestra colaboración, su mamá nos regaló un par de carteles a mi hermano y a mí. Nada más llegar a casa colgué el mío en la pared de mi habitación donde se viese bien.



Pero lo mejor estaba por venir. Nos invitó a acompañarla a la radio de nuestra ciudad para una entrevista que iban a hacerle. Al escucharla empecé a dar saltitos de alegría ya que nunca había visto una emisora por dentro y tenía muchas ganas de saber cómo funcionaba todo.

Llegamos a media tarde, Hugo, mi hermano Pedro, Silvia y yo. En la entrada ya nos estaba esperando Vidal López, que era el locutor del programa de radio. Nos recibió con una sonrisa y nos invitó a pasar al estudio de grabación. Era como un salón con una mesa redonda que en el medio estaba llena de micrófonos. En uno de los lados había una mesita llena de botones que según nos explicó era la mesa de sonido y era allí donde se grabaría la entrevista. Las paredes estaban cubiertas por posters de gente famosa, sobre todo cantantes y grupos musicales.

Después de enseñarnos todo el estudio, le pidió a Silvia que se sentase enfrente a él para hacer una prueba de sonido y a nosotros nos dejó sentarnos a su lado pero con la condición de que estuviésemos calladitos. 

La entrevista duró seis minutos y la mamá de Hugo estuvo muy tranquila, aunque al terminar dio un suspiro por lo que pensé que a lo mejor no estaba tan tranquila como aparentaba. Aunque Vidal le dijo que había estado muy bien, algo en lo que todos estuvimos de acuerdo. Fue en ese momento, cuando Silvia le regaló uno de los cuentos dedicado.

Entonces nos despedimos de Vidal agradeciéndole lo amable que fue con nosotros y así terminó mi visita a la radio. Me encantó poder verla por dentro y empecé a pensar que tal vez cuando sea mayor yo también podría hablar en la radio, como Vidal, aunque creo que para hacerlo tan bien como él voy a tener que trabajar mucho.

Para escucharlo pinchar aquí. Ir al minuto 23.

Ahhh me olvidada, os recuerdo que no debéis faltar a la presentación este sábado día 23 a las siete de la tarde. Además vendrán a tocar el grupo de música folk-celta Hora Meiga y será toda una fiesta.

jueves, 17 de octubre de 2013

El 12 de Octubre no fue festivo para todos

La semana pasada, nuestra profesora, la señorita Paula, nos pidió que hiciésemos una redacción sobre la festividad del 12 de octubre. Al oírla me puse muy contenta porque después de un mes de clases, por fin, llegaba el primer festivo del curso. Pero mi alegría duró muy poco, ya que al mirar el calendario descubrí que este caía en sábado.

Al principio me desilusioné mucho aunque después pensé, que al menos mamá, no tendría que trabajar en la peluquería y así podríamos ir el fin de semana a casa de los abuelos ¡Qué bien!

-Quiero que expliquéis porqué es festivo ese día, qué es lo que celebramos y también cómo lo celebráis en casa. Os recuerdo que puntuará para el examen de Lengua -habló la profesora despertándome de mis pensamientos.

-¿De cuántas páginas tenemos que hacerla? -preguntó mi amiga Clara.

-Con una o media página es suficiente. Lo más importante es que cuidéis la ortografía ya que no quiero faltas ¿entendido niños? -nos dijo.

-Sí señorita -contestamos todos juntos.

-¿Cuándo tenemos que entregarla? -preguntó Lucas.

-Las recogeré el lunes, así que tenéis tiempo suficiente para hacerla. Bien, ahora podéis marcharos, la clase ha terminado -habló la señorita Paula.

Cuando llegué a casa le conté a mi papá lo de la redacción que teníamos que preparar. Pero sobre todo le hablé de mi idea de pasar el fin de semana con los abuelos, ya que desde el mes de agosto no habíamos vuelto y los echaba de menos. A papá le pareció fantástica y esperamos a que viniese mamá para proponérselo. Los dos estábamos de acuerdo en que a ella le sentaría bien descanar esos dos días ya que trabajaba muchas horas y últimamente se la veía muy cansada. Pero cuando llegó y le contamos lo que habíamos planeado, en vez de alegrarse su cara se tornó triste.

-Es una idea estupenda, pero no podré ir porque tengo que trabajar -dijo apenada.

-¿Cómo que tienes que trabajar? Pero si es festivo mami -le pregunté sorprendida sin entender nada.

-Ya lo sé cariño, pero abren los negocios de alrededor y yo también tengo que abrir -me explicó.

-Esto es el colmo, ni los festivos se respetan ahora. Claro, no vaya a ser que descanses dos días seguidos. La culpa de todo la tiene el gobierno por permitir estos atropellos -dijo papá enfadado.

Durante un rato me quedé sin saber qué decir. Por mucho que me lo explicara seguía sin entender porqué tenía que trabajar un día festivo ¿Quién ganaba con ello? Estaba claro que los trabajadores no ¿Acaso la gente no podía comprar otro día? Empezaba a pensar que no solo el gobierno, como decía mi papá, era el culpable de esta situación. Con estos pensamientos me fui a mi habitación para escribir mi redacción.

REDACCIÓN

12 DE OCTUBRE FIESTA NACIONAL

El 12 de Octubre se celebra en nuestro país el día de la Hispanidad. Se llama así porque  hace muchos años, un 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón descubría América. Aquel descubrimiento tan importante para ambos mundos, convirtió este día en memorable y a partir de entonces se inició el contacto entre Europa y América. Años después esta jornada sería declarada Fiesta Nacional de España.

Además de esto también se celebra el día del Pilar en honor a la Virgen del Pilar, patrona de Aragón y en particular de la ciudad de Zaragoza. Durante una semana viven sus fiestas patronales. Además de multitud de actos culturales también realizan una ofrenda floral a la Virgen del Pilar y una ofrenda de frutos.

Como podemos ver es un día muy importante para nuestro país. Con dos celebraciones muy significativas. Esta jornada se declaró festiva y no laborable para que todos los ciudadanos pudiesen disfrutar y conmemorar el 12 de Octubre.

Pero este año pasó algo totalmente incomprensible para mí. A pesar de todo esto, mucha gente tuvo que trabajar ese día porque las empresas consideran que estar cerrados dos días seguidos perjudica sus ventas y beneficios. Da igual que el trabajador tenga que renunciar a su merecido descanso, da igual que no puedan disfrutar de un fin de semana con su familia, da igual que muchos niños no puedan disfrutar de la compañía de sus padres, eso no importa.

Es por todo esto que este día ya no me parece tan importante ¿De qué sirve que lo declaren no laborable si luego no lo respetan? Aunque estoy segura de que si todos nos concienciáramos y esos días festivos nadie comprase nada, a lo mejor las empresas no abrirían porque no les saldría rentable. Pero claro, para eso tendríamos que ser solidarios y pensar en los que están trabajando, porque al final todos nos perjudicamos. De nada sirve quejarse luego de las injusticias si nosotros somos los primeros en cometerlas y apoyarlas.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Una buenísima noticia para terminar el verano

Después de pasar un maravilloso mes de agosto en la granja de los abuelos, las vacaciones llegaron a su fin, y con ellas, el verano. El regreso a casa siempre era un poco triste porque me recordaba que pronto volverían los madrugones, el sonido estridente del despertador, el regreso a las clases…en fin, la vuelta a la rutina. Sin embargo, aún faltaban unos días para todo eso. Así que en vez de lamentarme, preferí seguir saboreando el tiempo que había pasado en el pueblo.

¡Fueron unas semanas estupendas! Nunca había prisas y todo era paz y tranquilidad. Reconozco que hice un poco la vagoneta, como solía decir mi papá. Pero no solo dediqué mi tiempo a dormir y a jugar, también ayudé a la abuela en las tareas de la casa, mientras mi hermano Pedro hacía lo mismo con el abuelo ayudándole con los animales de la granja. Después de comer nos íbamos a la piscina que el abuelo había construido para nosotros y nos pasábamos toda la tarde bañándonos, tirándonos de cabeza, en bomba, haciendo carreras o largos, como decía mi hermano…¡Era genial!

Aunque lo mejor de todo sucedía durante los fines de semana porque era cuando venían nuestros padres. A ellos les hubiese gustado estar todos los días con nosotros, pero mi madre no podía cerrar su negocio, una pequeña peluquería de barrio de la que dependía mi familia. Por lo que irse de vacaciones todo el mes era un lujo que no podían permitirse. Era por eso que solo venían esos dos días, así aprovechaban para descansar un poco y poder estar todos juntos.

Sin embargo lo mejor ocurrió en el último fin de semana. Esta vez no vinieron ellos solos sino que aparecieron acompañados de nuestros vecinos. Hugo, que era de la edad de mi hermano Pedro, sus padres e Iker, su perrito, un pequeño Yorkshire muy juguetón. Fue toda una sorpresa y nos alegramos mucho al verles. Era una familia con la que nos llevábamos muy bien y no solo porque fuésemos vecinos sino porque también éramos amigos. Hugo y su perrito casi pasaban más tiempo en mi casa que en la suya propia, y sus padres, se llevaban estupendamente con los míos. Además mi mamá y la suya eran amigas desde la infancia y se querían mucho.

Así que después de saludarnos efusivamente, con besos y abrazos, mi hermano Pedro se ofreció para enseñarle la granja a Hugo.

-¿Puedo ir mamá? -le preguntó Hugo a su madre.

-Pues claro que puedes, pero no os entretengáis mucho que cenamos en un rato -respondió mi abuela sin dar tiempo a que su mamá contestase, mientras les invitaba a pasar al interior de la casa.

-Gracias abuela. Será mejor que Iker se quede con María ¿te importa cuidarlo peque? -me preguntó mi hermano.

-Pues claro que no, me quedo con él encantada -le dije al tiempo que agarraba al perrito por su correa.

Iker movía su rabito sin parar, como si la idea de quedarse conmigo le gustase. Me agaché para acariciarlo y él me dio unos cuantos lametones en señal de agradecimiento. Fue en ese momento cuando vi a los chicos que salían corriendo hacia la parte de atrás de la granja que era donde se encontraban los animales. Entonces me levanté y agarré a Iker para entrar en la casa.

Desde la ventana del salón pude observar como corrían por el patio hablando sin parar, contentos de poder pasar el fin de semana juntos. Se encaminaron al establo y después de presentarle a las vacas, cerdos, ovejas, gallinas y conejos, Pedro llevó a Hugo a ver la piscina, y creo que fue lo que más le gustó de todo, porque nada más verla ya quería darse un baño. Entonces apareció el abuelo y les explicó que era mejor esperar al día siguiente porque ya estaba anocheciendo y no quería que se resfriara nadie. Comprendieron que él tenía razón, así que obedecieron a regañadientes  y regresaron a la casa para cenar.

Una hora más tarde la cena estaba preparada y todos nos sentamos para degustar los riquísimos platos que había preparado la abuela. Durante la cena nadie hablaba ya que todos estábamos muy ocupados saboreando la empanada de bacalao, el guiso de carne, las patatas asadas y el pan casero. Ya estábamos terminando cuando mi mamá nos dice que Silvia, que es como se llama la madre de Hugo, tiene una noticia muy importante que darnos. Nos quedamos en silencio mirándola y esperando impacientes a que nos lo contase.

-Bueno, como ya sabéis en mi tiempo libre escribo cuentos infantiles y tengo uno que se titula “Los misteriosos sueños de Hugo”, que lo he mandado a muchas editoriales. Pensaba que quizás a alguna le gustaría y querría publicármelo. Pues bien, unos meses más tarde una editorial me contestó. Me llamaron a casa, diciéndome que les gustaba mi cuento y que querían publicarlo. Ni que decir tiene que casi me desmayo al escucharlos. Así que, aproximadamente sobre Noviembre verá la luz mi primera historia.

-¡Felicidades! ¡Enhorabuena! Sabíamos que lo conseguirías -decían mis abuelos emocionados con la buenísima noticia.

-¡Jolines que suerte Hugo! ¡Eres el protagonista del cuento! ¡Te vas hacer famoso! -exclamé mientras Hugo se ruborizada entre las risas de los demás al verle así.

-Tienes razón María, él es el protagonista y el que inspiró este relato -me explicó su mamá.

-¡Es fantástico Silvia! Al final tanto trabajo tiene su recompensa -hablaba mi papá.

-¡Nos alegramos tanto por ti! Quiero que sepas que siempre creímos que algún día esto ocurriría, estábamos seguros que solo era cuestión de tiempo -dijo mi mamá con la voz entrecortada.

-Gracias, de verdad no sé qué deciros. Me siento tan feliz y al mismo tiempo me cuesta creer que esto me esté pasando. Por supuesto, estáis invitados cuando se haga la presentación del cuento -contestó la mamá de Hugo emocionada y agradecida por nuestras muestras de cariño.

-¡Qué bien! Claro que iremos ¿verdad mami? Además yo quiero un cuento dedicado ¿me lo firmarás Silvia? -le pregunté.

-Pues claro que sí mi niña, a ti a la primera de todas -me contestó con una enorme sonrisa.

-¿Sabes una cosa? Yo también escribo, tengo un diario donde cuento todas mis cosas. A lo mejor un día también le gusta a alguien y me lo publican ¿no crees? -le pregunté.

-Eso está muy bien, yo empecé así, escribiendo un diario. Además tú eres una niña muy lista y estoy segura de que conseguirás todo lo que te propongas María. Recuerda no rendirte jamás, al final los sueños se cumplen sí de verdad crees en ellos -me contó.

En ese momento recordé las veces que mi madre me contó lo maravilloso que sería que Silvia consiguiese algún día que una editorial creyese en ella y le publicase alguno de sus cuentos. Aquella era una afición que le venía desde muy pequeña. Solía inventarse historias que luego se las relataba a sus amigas…de brujas, de hadas, de princesas encantadas y de seres mágicos. Mi mamá decía que tenía una imaginación desbordante y que era capaz de inventarse un relato en tan solo unos minutos.

Pasaron los años y Silvia siguió escribiendo durante su juventud, siempre como un hobbie, una manera más de expresar lo que sentía. Aunque albergaba la esperanza de que, quizás, algún día, sus cuentos vieran la luz y muchos niños podrían leerlos. Un sueño que ahora se hacía realidad, gracias a su talento para contar historias y también gracias a que una editorial confío en ella. Por fin uno de sus cuentos llegaría a las librerías.

Finalmente me he dado cuenta de que Silvia tenía razón, los sueños pueden cumplirse y ella era la mejor prueba. Es por eso que he decidido que no voy a rendirme en mi empeño de derrotar a la Señora Crisis. Sé que podré con ella y que la venceré.