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martes, 3 de junio de 2014

La abdicación del Rey

Ayer, cuando llegué a casa para comer, me encontré a mis padres hablando sin parar sobre una noticia que se había producido esa misma mañana. Comentaban algo sobre el rey, que no llegué a entender muy bien. Me dio la impresión de que no era una mala noticia, para variar, pero sí, que les había pillado de sorpresa. Tan ensimismados estaban que ni siquiera se dieron cuenta de que había llegado. Incluso cuando me senté en la mesa para comer, ni se inmutaron.

Hasta en la televisión no hablaban de otra cosa, y a lo largo del día, terminó por convertirse en la única noticia importante. Decían algo sobre que el rey había abdicado ¿y eso qué era? ¿una enfermedad? Bueno, teniendo en cuenta que era mayor, tampoco sería tan raro que se pusiera enfermo. Pero si fuese eso lo dirían con tristeza y parecía todo lo contrario. De pronto, la chica del informativo dijo algo sobre que abdicaba a favor de su hijo. ¡Hala, pobre chico! Contagiado por la enfermedad o lo que fuese que tuviese su padre.

-Lo que deberían era ponerse a trabajar y dejar de vivir del resto de los españoles -escuché decir a mi papá.

-Tienes razón cariño, con lo mal que está todo y está gente viviendo de la sopa boba -le contestó mamá.

¿Sopa boba? Y si esta es tan buena ¿por qué no vivimos todos de ella? No entiendo nada. Lo estamos pasando mal por culpa de la Señora Crisis y resulta que hay una sopa que lo arregla todo y ¿no la usamos? En ese momento comencé a pensar que a lo mejor era una de esas cosas de mayores y no significaba lo que yo pensaba. Como siempre hablaban en clave ¡Qué raros son! Con lo fácil que es llamar a las cosas por su nombre. No sé para que vamos al colegio a aprender palabras y significados, si luego al crecer utilizamos un lenguaje totalmente distinto, en fin.

-¿Qué es abdicar papi? -pregunté, de repente, para intentar aclarar algo.

-Significa que renuncia a su puesto y lo hace a favor de su hijo que será el nuevo rey -me explicó.

-Ah, entiendo. Entonces su hijo hereda su cargo, pero ¿no tendría que morirse su padre para eso? -interrogué curiosa.

-No cariño, él puede renunciar voluntariamente. Porque es mayor y está enfermo. Aunque este caso es diferente y creo que son los escándalos que salpicaron en los últimos años a la familia real lo que hicieron que tomase esta decisión -me contó mi papá.

-Bueno eso está bien, pero también podrían abdicar los políticos que hacen las cosas mal ¿verdad papá? -pregunté de nuevo.

En ese momento mis padres se quedaron mirándome sorprendidos. Pensé que ya había dicho alguna tontería, pero cuál fue mi sorpresa cuando mi madre me dice que eso sería lo más apropiado y lo mejor que podrían hacer ciertos políticos que no hacían bien su trabajo.

-De todas formas la labor del rey es diferente a la de los políticos que nos gobiernan -dijo papá.

-Eso quiere decir que el rey no manda ¿entonces para qué sirve ser rey? -pregunté atónita.

-El rey es el Jefe del Estado y no tiene poderes, tiene unas funciones María. Entre ellas están las de moderar y arbitrar el funcionamiento de las instituciones. También es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y el representante del Reino de España -me expuso.

¡Pues vaya! Yo pensando que el rey era el que más mandaba y ahora resulta que no. Entonces por qué las niñas deseamos ser princesas, si total no puedes mandar. Siempre soñando con el príncipe azul ¿para qué? Al final va a tener razón mamá cuando dice que todo es publicidad y poca realidad.

Aunque pensándolo bien, si eres reina puedes vivir en un palacio y seguro que no tienes que trabajar como los demás. Probablemente tendrás personal que te lo hacen todo. Ropa bonita, coches caros, viajes pagados, y lo más importante, no tienes que preocuparte por el dinero ni por llegar a fin de mes porque tus súbditos pagan todos tus gastos. Por eso no me extraña que las madres deseen que sus hijas se casen con un príncipe. Hasta yo querría y como diría mi abuela ¡Eso sí que es un chollo!

viernes, 2 de mayo de 2014

Al rescate de las autopistas

Hace muchos meses que en mi casa reina la paz y la armonía. La Señora Crisis apenas nos perturba, y la llevamos, como la mayoría de las familias, con resignación. Nos hemos acostumbrado a, como dice papá, “apretarnos el cinturón”. Intentamos gastar lo mínimo posible ya que las circunstancias no nos permiten otra cosa. Ahorrar, se ha convertido en nuestro objetivo primordial.

Con todo esto, nos sentimos felices y afortunados con lo que tenemos. Damos gracias por no estar en una situación delicada como, por desgracia, lo está la gran parte de la gente que conocemos. Amigos de mis padres que se han quedado sin trabajo, que apenas consiguen pagar su casa y a los que les cuesta mucho llegar a final de mes.

Por eso mis padres siempre intentan ayudar en todo lo que pueden, a pesar de nuestras escasas posibilidades. Aunque a veces, esto signifique tener que prescindir de algunas cosas, que al fin y al cabo, tampoco nos hacen tanta falta. Tan mentalizada estoy de todo esto que cuando vamos a comprar ya no pido nada que no necesite. Porque sé que mis padres hacen un enorme esfuerzo para que a mi hermano y a mí no nos falte de nada.

Quizás por eso, cuando este mediodía escuché unas sonoras carcajadas que provenían del salón, pensé “por fin, una buena noticia” Sin pensarlo, salí disparada de la cocina, donde estaba ayudando a mi mamá con la comida, para saber qué pasaba. Al llegar, vi a mi papá partiéndose de risa en el sofá mientras no dejaba de señalar al televisor. Fue algo curioso, porque estaba viendo las noticias, y normalmente, estas le ponían de muy mal humor y nunca le hacían ni pizca de gracia.

-¿Qué ocurre papi? ¿Por qué te ríes tanto? -pregunté intrigada.

-Ay María, es que acaban de contar una noticia buenísima -contestó entre risas.

-¡Que bien! Por fin buenas noticias. Y de qué se trata ¿se acabó la crisis? -seguí preguntando.

-Mira eso sí que sería un notición. Pero no, cariño, lo que acaban de decir en las noticias es para salir a la calle y no dejar de gritar en un mes -me dijo dejando de reírse para ponerse muy serio.

-No le digas esas cosas a la niña que la vas a asustar, por dios. Acabará por pensar que te has vuelto loco -habló mamá desde la cocina.

-Es que eso mismo nos vamos a volver todos, locos. Además María es una chica lista y debe saber en qué mundo vive -le contestó.

-Pues explícamelo papá porque no entiendo nada -le dije.

Me contó que las carcajadas no eran por una noticia agradable, más bien al contrario. Eran risas de frustración o lo que comúnmente llaman los mayores “reír por no llorar”. Al parecer, en la televisión acababan de decir que el gobierno, ese mismo que recorta en educación, en sanidad, que permite la subida de los alimentos de primera necesidad, que abarata los despidos, que asfixia a los trabajadores reduciendo sus derechos a la mínima expresión, que sube los impuestos, que permite los desahucios…ese mismo gobierno que dice no tener dinero para invertir en salvar a las familias, que no busca soluciones al elevado desempleo que azota a nuestro país, pues ese gobierno, ha decidido que lo más urgente en este momento es salvar las autopistas, y para ello destinará una cantidad escandalosa de dinero.

-No entiendo papi ¿las autopistas? -pregunté sorprendida.

-Sí nena, las autopistas. Esas por donde circulan los coches para ir de ciudad en ciudad y que son de pago, para más recochinéo. Pues tienen problemas económicos y por eso nuestros queridos gobernantes han decidido rescatarlas para que puedan seguir sangrando al ciudadano de a pie -me explicó mi papá.

-Pero hay algo que no comprendo, si las carreteras se construyen con los impuestos de todos ¿Por qué nos cobran por circular por ellas? -interrogué.

-Esa es una buena pregunta hija. Supuestamente son carreteras mejor construidas y con menos accidentes y por eso la inversión es mayor, así que ponen peajes para cobrar a los conductores por usarlas. Pero debido a la crisis la gente las usa menos y ahora deben dinero, así que el gobierno ha decidido pagar parte de sus deudas para que puedan seguir funcionando -me contó.

-¿Y porqué no rescatan a las familias que se quedan sin casa? -pregunté extrañada.

-Porqué eso no es rentable cariño y no supone beneficios para el gobierno. Sé que es difícil de comprender, créeme que yo tampoco lo entiendo -me contestó con resignación.

A pesar de la explicación que me dio mi papá, hay cosas que se escapan a mi compresión. Creo que lo normal es que todas las carreteras se construyesen para proteger a los conductores que circulan por ellas y no solo hacerlo con algunas. La seguridad debería ser siempre lo primero, y cobrar por tenerla, me parece de lo más injusto. Además, considero que nuestros políticos deberían preocuparse más por rescatar a las familias y por crear empleo que por rescatar autopistas.

Cada vez entiendo menos el mundo de los adultos, mientras unos luchan cada día por salir adelante, otros viven de las ayudas del gobierno y no importa cuál sea la deuda que tienen, siempre los rescatarán. Porque al final lo importante no son las personas, son las empresas y eso es algo que nunca entenderé.