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domingo, 1 de diciembre de 2013

Presentación de "Los misteriosos sueños de Hugo"

El fin de semana pasado fue muy emocionante. Asistimos a la presentación del cuento de Silvia, “Los misteriosos sueños de Hugo”, que tuvo lugar en el Espazo Xove de Ourense. Yo nunca había ido a algo así y no dejaba de pensar cómo sería una presentación de un cuento ¿con un apretón de manos y diciendo hola que tal? ¿O quizás con un “encantada mucho gusto”? Aunque pensándolo bien, si era un libro, este no podría contestarte.

En ese momento mi mamá me llamó apremiándome para que terminara porque se hacía tarde. Fue así como bajé de la nube y salí corriendo de mi habitación para reunirme con mi familia. El acto comenzaba en una hora y mis padres querían estar un poco antes de que llegase la gente.

Cuando llegamos al Espazo Xove, Silvia ya estaba allí charlando con el editor de su libro y al vernos se acercó a nosotros para saludarnos. Mi madre le dio un abrazo mientras le decía lo orgullosos que nos sentíamos de ella. Mientras ellos charlaban animadamente, yo me colé en la sala donde se iba a celebrar el evento.

El salón era muy bonito, en color marfil y con unas fotos preciosas que decoraban las paredes. En uno de los laterales había una mesa que era donde se sentarían los participantes de la presentación: Luis (editor del libro), Merche (coordinadora del Espazo Xove), Verónica (amiga y lectora) y por supuesto, Silvia, la autora. Colocadas en semi círculo estaban las sillas para que la gente pudiese sentarse. En una esquina del salón estaba el grupo de música Hora Meiga, a los que había conocido el verano pasado en la granja de los abuelos. Estaban colocando sus instrumentos, ya que ellos amenizarían el acto con su música mágica.

-¡Hola María! Me alegro de verte -me dijo Marko, el gaiteiro del grupo.

-¡Gracias! Yo también me alegro de verte -le saludé con una sonrisa.

-¿Ya te has leído el cuento? -me preguntó.

-Por supuesto y me encanta, sobre todo volar con los Ñukys a la luna - le contesté.

-Sí a mí también me gusta. Hasta hemos compuesto un tema dedicado al cuento que hoy tocaremos y que se titula “No mundo dos Ñukys” -me contó Marko.

-¡Vaya, eso es genial! Estoy deseando escucharlo -le dije muy contenta.

-¿Qué haces ahí Maria? -dijo mi papá acercándose a donde estábamos el gaiteiro y yo.

-Hablaba con Marko papá y ¿sabes una cosa? tienen una canción para el cuento de Silvia ¿a que es estupendo? -le expliqué.

A él también le pareció fantástico y después de saludar al gaiteiro y al resto del grupo nos fuimos para sentarnos porque la gente empezaba a entrar y pronto comenzaría el acto. Justo cuando iba a sentarme alguien me saludó por detrás y al darme la vuelta cual fue mi sorpresa al encontrarme a Jose, el dueño de Thays la perrita que le gusta a Iker, que es el perrito de Hugo. Hacía casi un año que no le veía y me alegré muchísimo que estuviera allí acompañando a Silvia en un momento tan importante para ella. Estuvimos charlando un ratito y me dijo que no se lo hubiese perdido por nada del mundo.

Poco a poco el salón se fue llenando de gente y a mi lado se sentó una chica con su hija. Enseguida me di cuenta de que aquella niña era especial y como no dejaba de mirarme le pregunté cómo se llamaba. Su mamá me dijo que su nombre era Naiara y tenía cuatro años. Ella se llamaba Pili, desde hacía tiempo leían las historias de Silvia y hoy se habían acercado para conocerla. En ese momento entendí la emoción que Silvia sintió al conocerlas y lo feliz que le hizo ver a Naiara.

Entonces la música comenzó a sonar anunciando que la presentación iba a empezar. Unos minutos después Luis, el editor dirigió unas palabras al público. Después habló Merche de cómo conoció a Silvia y de lo mucho que le gustaba su cuento. Llegó el momento de Verónica, que leyó un trocito del cuento y aunque estaba un poco nerviosa debo decir que lo hizo muy bien. Una vez finalizó su intervención, comenzó a sonar “Os mundos dos Ñukys”. En ese momento especial, el salón se quedó en silencio, mientras las mágicas notas nos invadían invitándonos a soñar y a volar a un mundo fantástico. Al finalizar la música todos aplaudimos la magnífica interpretación de Hora Meiga.

A continuación llegó el turno de la autora Comenzó agradeciendo a todas aquellas personas que contribuyeron en la organización del acto. A todos los que asistimos y la acompañamos en ese momento y también a los que no pudieron venir y que de alguna forma estuvieron apoyando con sus mensajes y llamadas. Por supuesto no olvidó a aquellos que la ayudaron con su libro, corrigiéndolo y mejorándolo, sobre todo a algunos amigos que en momentos bajos la animaron a continuar. También a su familia que siempre creyó en ella. A medida que hablaba, se notaba que estaba feliz y emocionada.

Aunque lo que más me gustó fue cuando dijo que los sueños podían cumplirse y que debíamos creer en ellos. Luchar por conseguir aquello que nos llena y nos hace felices y confiar en que todo es posible. Invitó a los padres a que promuevan la lectura entre sus hijos y que le den herramientas que ayuden a estimular su imaginación. Su mensaje fue que nunca dejemos de soñar y volar a mundos mágicos como el de los Ñukys.

Después de los aplausos por sus palabras llegó el momento de firmar su cuento. Todos querían una dedicatoria de la autora, y fue así, como se formó una pequeña cola que esperaba pacientemente su turno. Silvia atendió a todos con una sonrisa, daba besos y abrazos y se alegraba cuando veía a gente de su pueblo, amigas de la infancia, vecinos y personas que recorrieron km para conocerla.

Unos minutos más tarde, por fin me tocó a mí. Al verme allí delante de ella con mi libro en la mano, se levantó y me dio un par de besos. Entonces agarró el cuento y comenzó a escribir en él, luego me lo entregó y me dijo “Gracias María por todas las alegrías que me das”. Salí de la fila y me fui corriendo a un lado para leer lo que me puso y decía:

“A mi pequeña María, mi niña preciosa que tan feliz me hace. Bienvenida al mundo de los Ñukys donde los sueños se convierten en realidad y espero que tú seas mi próxima realidad. Con mucho amor. Silvia (Lúa Máxica)

jueves, 12 de septiembre de 2013

Una buenísima noticia para terminar el verano

Después de pasar un maravilloso mes de agosto en la granja de los abuelos, las vacaciones llegaron a su fin, y con ellas, el verano. El regreso a casa siempre era un poco triste porque me recordaba que pronto volverían los madrugones, el sonido estridente del despertador, el regreso a las clases…en fin, la vuelta a la rutina. Sin embargo, aún faltaban unos días para todo eso. Así que en vez de lamentarme, preferí seguir saboreando el tiempo que había pasado en el pueblo.

¡Fueron unas semanas estupendas! Nunca había prisas y todo era paz y tranquilidad. Reconozco que hice un poco la vagoneta, como solía decir mi papá. Pero no solo dediqué mi tiempo a dormir y a jugar, también ayudé a la abuela en las tareas de la casa, mientras mi hermano Pedro hacía lo mismo con el abuelo ayudándole con los animales de la granja. Después de comer nos íbamos a la piscina que el abuelo había construido para nosotros y nos pasábamos toda la tarde bañándonos, tirándonos de cabeza, en bomba, haciendo carreras o largos, como decía mi hermano…¡Era genial!

Aunque lo mejor de todo sucedía durante los fines de semana porque era cuando venían nuestros padres. A ellos les hubiese gustado estar todos los días con nosotros, pero mi madre no podía cerrar su negocio, una pequeña peluquería de barrio de la que dependía mi familia. Por lo que irse de vacaciones todo el mes era un lujo que no podían permitirse. Era por eso que solo venían esos dos días, así aprovechaban para descansar un poco y poder estar todos juntos.

Sin embargo lo mejor ocurrió en el último fin de semana. Esta vez no vinieron ellos solos sino que aparecieron acompañados de nuestros vecinos. Hugo, que era de la edad de mi hermano Pedro, sus padres e Iker, su perrito, un pequeño Yorkshire muy juguetón. Fue toda una sorpresa y nos alegramos mucho al verles. Era una familia con la que nos llevábamos muy bien y no solo porque fuésemos vecinos sino porque también éramos amigos. Hugo y su perrito casi pasaban más tiempo en mi casa que en la suya propia, y sus padres, se llevaban estupendamente con los míos. Además mi mamá y la suya eran amigas desde la infancia y se querían mucho.

Así que después de saludarnos efusivamente, con besos y abrazos, mi hermano Pedro se ofreció para enseñarle la granja a Hugo.

-¿Puedo ir mamá? -le preguntó Hugo a su madre.

-Pues claro que puedes, pero no os entretengáis mucho que cenamos en un rato -respondió mi abuela sin dar tiempo a que su mamá contestase, mientras les invitaba a pasar al interior de la casa.

-Gracias abuela. Será mejor que Iker se quede con María ¿te importa cuidarlo peque? -me preguntó mi hermano.

-Pues claro que no, me quedo con él encantada -le dije al tiempo que agarraba al perrito por su correa.

Iker movía su rabito sin parar, como si la idea de quedarse conmigo le gustase. Me agaché para acariciarlo y él me dio unos cuantos lametones en señal de agradecimiento. Fue en ese momento cuando vi a los chicos que salían corriendo hacia la parte de atrás de la granja que era donde se encontraban los animales. Entonces me levanté y agarré a Iker para entrar en la casa.

Desde la ventana del salón pude observar como corrían por el patio hablando sin parar, contentos de poder pasar el fin de semana juntos. Se encaminaron al establo y después de presentarle a las vacas, cerdos, ovejas, gallinas y conejos, Pedro llevó a Hugo a ver la piscina, y creo que fue lo que más le gustó de todo, porque nada más verla ya quería darse un baño. Entonces apareció el abuelo y les explicó que era mejor esperar al día siguiente porque ya estaba anocheciendo y no quería que se resfriara nadie. Comprendieron que él tenía razón, así que obedecieron a regañadientes  y regresaron a la casa para cenar.

Una hora más tarde la cena estaba preparada y todos nos sentamos para degustar los riquísimos platos que había preparado la abuela. Durante la cena nadie hablaba ya que todos estábamos muy ocupados saboreando la empanada de bacalao, el guiso de carne, las patatas asadas y el pan casero. Ya estábamos terminando cuando mi mamá nos dice que Silvia, que es como se llama la madre de Hugo, tiene una noticia muy importante que darnos. Nos quedamos en silencio mirándola y esperando impacientes a que nos lo contase.

-Bueno, como ya sabéis en mi tiempo libre escribo cuentos infantiles y tengo uno que se titula “Los misteriosos sueños de Hugo”, que lo he mandado a muchas editoriales. Pensaba que quizás a alguna le gustaría y querría publicármelo. Pues bien, unos meses más tarde una editorial me contestó. Me llamaron a casa, diciéndome que les gustaba mi cuento y que querían publicarlo. Ni que decir tiene que casi me desmayo al escucharlos. Así que, aproximadamente sobre Noviembre verá la luz mi primera historia.

-¡Felicidades! ¡Enhorabuena! Sabíamos que lo conseguirías -decían mis abuelos emocionados con la buenísima noticia.

-¡Jolines que suerte Hugo! ¡Eres el protagonista del cuento! ¡Te vas hacer famoso! -exclamé mientras Hugo se ruborizada entre las risas de los demás al verle así.

-Tienes razón María, él es el protagonista y el que inspiró este relato -me explicó su mamá.

-¡Es fantástico Silvia! Al final tanto trabajo tiene su recompensa -hablaba mi papá.

-¡Nos alegramos tanto por ti! Quiero que sepas que siempre creímos que algún día esto ocurriría, estábamos seguros que solo era cuestión de tiempo -dijo mi mamá con la voz entrecortada.

-Gracias, de verdad no sé qué deciros. Me siento tan feliz y al mismo tiempo me cuesta creer que esto me esté pasando. Por supuesto, estáis invitados cuando se haga la presentación del cuento -contestó la mamá de Hugo emocionada y agradecida por nuestras muestras de cariño.

-¡Qué bien! Claro que iremos ¿verdad mami? Además yo quiero un cuento dedicado ¿me lo firmarás Silvia? -le pregunté.

-Pues claro que sí mi niña, a ti a la primera de todas -me contestó con una enorme sonrisa.

-¿Sabes una cosa? Yo también escribo, tengo un diario donde cuento todas mis cosas. A lo mejor un día también le gusta a alguien y me lo publican ¿no crees? -le pregunté.

-Eso está muy bien, yo empecé así, escribiendo un diario. Además tú eres una niña muy lista y estoy segura de que conseguirás todo lo que te propongas María. Recuerda no rendirte jamás, al final los sueños se cumplen sí de verdad crees en ellos -me contó.

En ese momento recordé las veces que mi madre me contó lo maravilloso que sería que Silvia consiguiese algún día que una editorial creyese en ella y le publicase alguno de sus cuentos. Aquella era una afición que le venía desde muy pequeña. Solía inventarse historias que luego se las relataba a sus amigas…de brujas, de hadas, de princesas encantadas y de seres mágicos. Mi mamá decía que tenía una imaginación desbordante y que era capaz de inventarse un relato en tan solo unos minutos.

Pasaron los años y Silvia siguió escribiendo durante su juventud, siempre como un hobbie, una manera más de expresar lo que sentía. Aunque albergaba la esperanza de que, quizás, algún día, sus cuentos vieran la luz y muchos niños podrían leerlos. Un sueño que ahora se hacía realidad, gracias a su talento para contar historias y también gracias a que una editorial confío en ella. Por fin uno de sus cuentos llegaría a las librerías.

Finalmente me he dado cuenta de que Silvia tenía razón, los sueños pueden cumplirse y ella era la mejor prueba. Es por eso que he decidido que no voy a rendirme en mi empeño de derrotar a la Señora Crisis. Sé que podré con ella y que la venceré.