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jueves, 25 de abril de 2013

La leyenda de San Jorge

Esta mañana, cuando entramos en la clase, pudimos observar que en cada pupitre había un pequeño libro. Después de saludar a nuestra profesora, la señorita Paula, nos pusimos a ojearlo curiosos, mientras nos preguntábamos qué hacía allí. Era parecido a un cuento, tenía las pastas de color rojo y en el centro había un dibujo que representaba a un caballero a lomos de su caballo. Este se encontraba luchando contra un enorme dragón que escupía fuego por la boca. El título estaba escrito en letras de color dorado, y decía: “La leyenda de San Jorge”

Entonces nuestra profesora nos explicó que aquel libro era un pequeño obsequio para nosotros, ya que el 23 de abril se celebraba el Día Internacional del Libro. Nos preguntó si alguno sabíamos porqué era precisamente ese día y no otro, pero no hubo respuesta. Todos nos quedamos en silencio sin saber que contestar.

-Al parecer este día concuerda con el nacimiento de William Shakespeare y Miguel de Cervantes, símbolos de la literatura universal -nos reveló la señorita Paula.

-Pues podía habernos regalado un libro de esos autores y no uno de caballeros y dragones -habló uno de los niños en tono irónico, lo que provocó las risas de los demás.

-Os he regalado ese, porque hoy también celebramos el día de San Jorge. Es una de las jornadas grandes en Aragón y Cataluña. Además en esta última, la costumbre es regalar un libro y una rosa -nos contó la profesora.

-¿Por qué una rosa? -pregunté intrigada.

-La respuesta María, está dentro de ese libro. Y ya que has sido tú la que lo has preguntado, serás tú la que lo lea para toda la clase -me respondió.

-Muy bien -le dije, al tiempo que me levantaba y comenzaba a leer.

“Hace mucho, mucho tiempo, los habitantes de una ciudad del Reino de Aragón, vivían tristes y atemorizados por un gran dragón que habitaba en una cueva a las afueras de la ciudad. Este siempre estaba hambriento y se acercaba a la ciudad en busca de comida. Despedazaba todo a su paso y se comía todo lo que encontraba. De su boca salían bolas de fuego que quemaban las cosechas y con su enorme cola destrozaba las casas de los pobres ciudadanos.

El Rey, cansado de esta situación, decidió hacer un trato con el dragón. Le propuso darle a comer una oveja cada día, a cambio de que dejase en paz a la ciudad y a sus gentes. El dragón aceptó el trato y a partir de aquel día la paz volvió al reino.

Pasados unos meses, las ovejas se terminaron, se las había comido todas y ya no quedaban más. El Rey pensó que si no le daban ninguna, no se daría cuenta y no pasaría nada…pero se equivocaba. El dragón se presentó en la ciudad, enfurecido y escupiendo fuego, al tiempo que gritaba:

-Has roto nuestro trato, a partir de ahora me darás una muchacha cada día para comer.

-Pero cómo voy hacer eso, lo que me pides es imposible -respondió el Rey.

-Si no lo haces, destruiré esta ciudad y no dejaré rastro de ella -rugió el dragón.

El Rey convocó a todos los habitantes en la plaza de la ciudad, para que decidieran entre todos que podían hacer. La gente pensaba que no podían darle a sus jóvenes, aunque si no lo hacían, acabarían muriendo todos. Fue así, como después de mucho pensar, decidieron aceptar lo que el dragón les pedía. Harían un sorteo entre ellas y le entregarían a quien le tocase, fuese quien fuese.

Pero llegó el día en que le tocó a la hija del Rey. Este estaba desconsolado y no dejaba de llorar por los pasillos del palacio. Pero la princesa, que era muy valiente, decidió que tenía que cumplir con su obligación. Fue así como se despidió de su familia y se dirigió hacia la cueva del dragón. Por el camino se encontró con un caballero de armadura blanca y brillante lanza. Él, al verla tan triste se detuvo ante ella y le preguntó:

-¿Adonde vas bella muchacha?

-Soy una princesa que va a cumplir con su pueblo. Voy hacia la cueva del dragón para que me devore -contestó apenada la hermosa joven.

-Eso no puede ser princesa. Yo os salvaré, a ti y a todo tu reino.

El caballero, de nombre Jorge, salió hacia la cueva del dragón, donde le retó. Tras una gran batalla, le clavó su blanca lanza en el pecho y lo mató. Donde cayó la sangre derramada por el dragón, brotó un rosal de hermosas rosas rojas. El caballero arrancó la más bella y se la entregó a la princesa. La montó a lomos de su caballo y juntos partieron hacia el castillo. Todo el pueblo celebró su hazaña con una gran fiesta, y  el Rey, tremendamente agradecido, le dijo que podía pedir lo que quisiera.

-Tan solo quiero una cosa majestad, la mano de vuestra bella hija -contestó el caballero.

-Sea pues -habló el Rey.

Así nace la tradición de que, el día 23 de abril, día de San Jorge, todos los enamorados les regalen una rosa a sus novias.

Este fue el final de la historia, y aquella era la razón por la que se regalaban rosas ese día. A todos nos gustó mucho la leyenda, y nos pasamos el resto de la mañana comentándola y dibujando dragones, caballeros y princesas. Aunque lo que más me impactó, fue cuando al salir de clase, Lucas me llamó a un lado. Al aproximarme, me entregó una preciosa rosa roja de papel que había confeccionado para mí. Me quedé mirándola sin saber qué decir, y lo único que atiné a balbucear fue que yo no era su novia para que me hiciese ese regalo. Entonces se acercó y en voz baja me dijo: “algún día lo serás”

jueves, 11 de abril de 2013

Fuimos a conocer a Candela

-María, esta tarde quiero que vengas conmigo a visitar a una amiga mía -me dijo mamá al terminar de comer.

-Muy bien mami ¿Y quien es? ¿Y porqué quieres que vaya? -pregunté extrañada de que quisiera llevarme.

-¿Recuerdas a Nuria? -me preguntó

-Pues claro que sí, es la que está esperando un bebé ¿verdad? -le dije.

-Sí, esa misma. Pues hace una semana nació su niña, se llama Candela, y me apetece mucho que vengas conmigo a conocerla -me contó con una sonrisa.

-¡Qué bien! Pues claro que iré encantada ¿y podré cogerla en brazos? -pregunté emocionada con la idea de ver a un bebé chiquitito.

-Bueno tranquila, es muy pequeñita y hay que tener mucho cuidado. Pero seguro que te la deja coger un poquito -habló mi mamá.

-¡Estupendo! Te prometo que tendré mucho cuidado -le dije muy contenta.

Mientras acabábamos de recoger la cocina, recordé que unos días antes de semana santa, Nuria vino a nuestra casa a charlar con mamá. Era una persona muy amable y siempre que me veía me daba un par de besos, al tiempo que me decía lo grande y guapa que estaba. También recordé que tenía una barriga enorme, y eso era porque un bebé crecía dentro de ella. Aunque a mí, me parecía imposible que una personita cupiese allí dentro. No podía dejar de pensar que cómo era posible que la barriga se estirase tanto ¡Si parecía que le iba a explotar! Tanto me intrigaba que le pedí permiso para tocarla, y cuando me dejó acariciársela, pude sentir unos movimientos extraños allí dentro que me asustaron un poco.

-Tranquila María, es el bebé que se mueve y da pataditas -me explicó Nuria.

-Claro no me extraña, seguro que estará muy apretadita ahí dentro -le dije.

-Supongo que tienes razón, la verdad es que tengo ganas de que salga y verle la carita -me contestó sonriendo.

-Bueno tranquila que ya no te queda nada, en unas semanas la tendrás aquí -le dijo mi mamá.

-Pues yo muy tranquila no estaría, y es mejor que  tengas cuidado, porque un día de estos te da una patada fuerte y te sale disparada -comenté preocupada.

-Pero que cosas se te ocurren nena. Anda ve hacer los deberes -habló mi mamá entre risas.

Tan ensimismada estaba en mis recuerdos que no me dí cuenta de que ya era la hora de irnos. Así que me fui corriendo a mi habitación para coger una chaqueta y rápidamente bajé al garaje donde me esperaba mamá. Tuvimos que ir en el coche porque vivían en una urbanización preciosa que había en la otra punta de la ciudad. Por el camino mamá me fue contando cosas de su amiga, de cuando se conocieron y de todas las confidencias que compartían. Ellas habían trabajado juntas hacía unos años y además de compañeras se hicieron grandes amigas. Solían quedar para tomar café, ir de compras juntas o simplemente se veían para charlar de sus cosas.

Fue así, casi sin darme cuenta como llegamos a la casa de Nuria. Esta ya nos había abierto el portal por lo que no hizo falta timbrarle. Subimos en el ascensor hasta el octavo piso y allí nos esperaba con Candela en brazos. Tanto mi mamá como yo suspiramos a la vez diciéndole ¡Qué linda! Después de besarnos y abrazarnos, nos invitó a entrar en su casa. Nos hizo pasar al salón donde tenía una mesita con galletas y bombones por si nos apetecía comer algo. Pero mi mamá lo único que quería era coger a la niña en sus brazos, y la verdad, es que yo también.

-¡Es preciosa nena! -le dijo mi madre al cogerla.

-Bueno qué te voy a decir yo, si es mi peque -le contestó Nuria ligeramente emocionada.

-Se parece a ti, con esta carita redondita y esos ojitos tan bonitos -siguió diciéndole mi mamá.

-Pues yo no le veo parecido con nadie, es un bebé muy bonito y punto -dije de pronto.

-Eso es porque tú no entiendes María, cuando seas mayor ya sabrás sacar los parecidos -me respondió mi madre.

-¿Quieres cogerla un poquito? -me preguntó Nuria.

-¡Oh sí, eso me encantaría! -respondí sorprendida de que me dejase.

Entonces me mandaron sentarme en el sofá y con mucho cuidado colocaron al bebé en mi regazo. Al tiempo que pasaba uno de mis brazos por detrás de su cabecita para sujetarla mejor. Aunque creo que no se sentía muy segura, porque enseguida me agarró un dedo con su diminuta manita, como diciéndome que no la soltara. Me miraba fijamente con sus ojitos bien abiertos y hasta me pareció que esbozaba una pequeña sonrisa.

-Me parece que le gustas María -me dijo Nuria.

-¿Tú crees? Pues me alegro, y si alguna vez necesitas una canguro para cuidarla, cuenta conmigo -le respondí con una sonrisa.

-Eso por supuesto, estoy segura de que no hay nadie mejor que tú para atenderla -me contestó.

-Además yo puedo enseñarle muchas cosas, a leer, escribir, sumar, restar, etc. Que ahora con la crisis esta todo muy complicado, y cuanto más pronto aprenda, mucho mejor -le expliqué muy seria.

En ese momento, las dos se pusieron a reír a carcajadas al escuchar mis palabras. Mientras mi mamá me decía que no corriese tanto que aún era muy pronto para esas cosas. A pesar de sus risas, sigo pensando que cuanto más preparada esté para el futuro mucho mejor. Candela me miraba como si entendiese lo que estaba diciendo, y creo que sí me entendía, porque apretaba mi dedo con fuerza y me sonreía ligeramente.

Me encantó conocerla y fue una tarde estupenda en casa de Nuria. La felicidad se respiraba en su hogar con la llegada de Candela. Tanto ella como Camilo, su marido y papá del bebé, estaban radiantes con su niña. Mi mamá y yo les deseamos lo mejor del mundo para los tres porque se lo merecen. La verdad es que me costó mucho marcharme, pero Nuria me dijo que podría volver siempre que quisiera.

jueves, 4 de abril de 2013

Reencuentro con Andrea en Semana Santa

Ayer noche regresamos a casa después de pasar la Semana Santa en la granja de los abuelos. A todos nos vino estupendamente disfrutar de unos días en el pueblo. Como decía mi papá, allí las cosas son más sencillas y todo es más sano que en la ciudad. No tenía muy claro de si eso era así, o no, pero lo cierto es que durante esos días, él estuvo relajado y feliz. Consiguió olvidarse de la Señora Crisis y de todo lo que la envuelve, y solo por eso ya mereció la pena pasar aquel tiempo en la aldea. Por eso, y porque volví a encontrarme con Andrea, la niña que conocí en el verano y con la que nadie quería jugar. La verdad es que me alegré mucho de verla y ella también se puso muy contenta, tanto, que vino a darme la bienvenida cuando se enteró de que estaría allí aquella semana.

Después de saludarnos y abrazarnos, nos pasamos media tarde charlando de nuestras cosas. Me contó que los niños del pueblo seguían rechazándola, y todo por culpa, de ese pequeño trastorno que sufría llamado Hiperactividad. Debido a esto le costaba estarse quieta, prestar atención y concentrarse, por eso actuaba por impulsos y no era capaz de medir las consecuencias de sus actos. A pesar de todo, era una niña encantadora, muy cariñosa y de buen corazón. Ella sufría mucho por este rechazo y por todas las burlas que tenía que soportar. A mí me daba mucha pena que se portasen tan mal con ella y que fuesen tan crueles. Fue por eso que les pedí permiso a los abuelos para invitarla a pasar el fin de semana conmigo. Así podríamos pasar tiempo juntas, charlar y jugar, ya que yo era la única que quería estar con ella. Por supuesto, aceptaron encantados.

Fueron unos días fantásticos, en los que no solo nos dedicamos a divertirnos, también colaboramos en las tareas de la casa. Ayudamos a la abuela en la cocina, dimos de comer a los animales de la granja y fuimos juntas a las procesiones de la parroquia.  Lo pasamos muy bien y todo fue muy divertido. Tan solo hubo un suceso, bastante desagradable y que no me gustó nada, que empañó un poco aquella maravillosa semana. Todo sucedió el sábado por la tarde. Mi abuelo nos pidió que le acompañásemos al pueblo para comprar unas cosas que le hacían falta. Cuando llegamos, vimos unas niñas que jugaban en la plaza. Eran cuatro y estaban saltando a la comba, así que mientras mi abuelo realizaba sus compras, nosotras nos aproximamos hasta ellas.

-Hola María ¿Quieres jugar con nosotras? -me preguntó una de las niñas.

-Vale, estupendo -le contesté, al tiempo que Andrea y yo nos acercábamos para saltar con ellas.

-Pero ella no, solo puedes jugar tú, la retrasada que se vaya -me dijo refiriéndose a Andrea y sacándole la lengua.

-Ella no es nada de eso y no entiendo porqué no puede. Además, está muy feo lo que has dicho -hablé ligeramente molesta.

-Es la verdad, es tonta y no sabe comportarse. Mi madre dice que es una mala influencia para todas nosotras -me replicó.

Entonces las demás niñas rodearon a Andrea y comenzaron a insultarla, al tiempo que le daban empujones. Viendo que ella se ponía cada vez más nerviosa, intenté protegerla mientras les pedía que la dejasen en paz, pero no me hacían caso. En ese momento, ocurrió algo inesperado, tan presionada se sintió que agarró una piedra del suelo y la lanzó contra ellas, con tan mala suerte que alcanzó a una en un brazo. Durante unos minutos nos quedamos paralizadas y sin saber qué hacer. No podía creer lo que había pasado. De pronto, la niña empezó a gritar como si le hubiesen roto algo. Rápidamente me acerqué para ver si era así y me di cuenta de que no había sido nada. Por fortuna solo la rozó y ni siquiera le hizo una herida, aunque probablemente le saldría un moretón. En cambio ella no dejaba de chillar y llorar diciendo que la había lastimado mucho. Tal era el alboroto que formaba, que la gente que estaba comprando en la tienda salió para ver qué pasaba, entre ellos mi abuelo y el padre de aquella niña.

-¿Qué pasó? ¿Quién te hizo daño? -preguntó su papá acercándose a la chiquilla.

-Fue Andrea que esta loca, llegó aquí, y sin decir nada me tiró una piedra -contestó entre lágrimas.

-Eso no fue así. Es cierto que le tiró una piedra y que estuvo mal, pero ella la provocó diciendo que era una retrasada y no dejándola jugar -le expliqué.

-Me importa bien poco lo que le haya dicho, esa niña no está bien y no es normal que tire nada. Ahora mismo voy a junto de su padres y se van a enterar -replicó el hombre muy enfadado.

-No es justo, ella hizo mal pero no toda la culpa es suya. Ellas no dejaban de insultarla -le contesté muy seria.

-Deberías ponerle un poco de educación a tu nieta, estas niñas de ciudad se creen que todo vale -le dijo aquel señor a mi abuelo.

Entonces mi abuelo, muy tranquilo, como solía ser él, se acercó al padre de aquella niña y poniéndole una mano en el hombro y le dijo:

-Parece mentira que te pongas así por una chiquillada, al fin y al cabo no pasó nada y son cosas de críos ¿Acaso has olvidado cómo eras tú de pequeño? Seguro que no. Es nuestra responsabilidad educar bien a estos niños que son nuestro futuro, enseñarles a valorar a las personas por lo que son y no crearle prejuicios hacia los demás por ser diferentes. Eso es algo que mi nieta entiende muy bien, y si hoy pasó esto, es porque tu hija no lo entiende. Enséñala a respetar y perdonar a los demás, pero no te olvides, mi querido amigo, de practicar con el ejemplo.

Después de sus palabras, el silencio se apoderó de la plaza. Durante unos minutos nadie sabía muy bien qué decir, y fue precisamente Andrea, la primera en hablar. Se acercó a aquella niña y le pidió perdón, diciéndole que se sentía avergonzada por su comportamiento y que no volvería a ocurrir. Bueno, la verdad, es que todos se sentían avergonzados, y terminaron por disculparse con ella. Mientras yo agarraba la mano de mi abuelo, apretándole con fuerza y sintiéndome muy orgullosa de ser su nieta. Él, guiñándome un ojo, me dedicó una sonrisa y me devolvió el apretón ¡Qué feliz me sentí en aquel momento!

jueves, 28 de marzo de 2013

En defensa de la educación pública

Esta mañana fue el último día de colegio antes de las vacaciones de semana santa. Todos estábamos algo revolucionados y deseando que terminase la jornada para salir a jugar y disfrutar con nuestros amigos. Fue por eso que nuestra profesora, la señorita Paula, decidió ponernos una película, ya que era consciente de que no teníamos muchas ganas de trabajar.

-Bueno niños, un poquito de silencio que vamos a ver un video muy especial -nos dijo, intentando calmar a una clase un poco alborotada.

-Que no sea de dibujos señorita, que ya no somos tan pequeños -habló Lucas, provocando las risas de los demás con su comentario.

-Mejor de aventuras y con mucho humor que así se nos pasa la mañana más rápido -replicó mi amiga Clara.

-No chicos, no es ninguna película. Lo que vamos a ver es un video que hicieron unos niños como vosotros. Es una canción que compusieron ayudados por sus profesores y padres, en defensa de la escuela pública y en contra de los recortes en educación -nos explicó nuestra maestra.

-¡Eso es fantástico! Me parece una idea genial, y ¿de donde son esos niños señorita Paula? -le pregunté entusiasmada por lo que estaba contándonos.

-Son chavales de primaria de un colegio de Teruel, concretamente el del CEIP Vicente Ferrer Ramos de Valderrobres. La canción se titula “No recortes, no” así que ahora guardad silencio que vamos a escucharla -concluyó la profesora.

Tan solo duraba cinco minutos, pero fueron los más chulos que recuerdo. Simplemente, nos encantó. Al terminar aplaudimos a rabiar, tanto ruido hicimos que las clases de alrededor se acercaron para ver qué nos pasaba. La señorita Paula volvió a ponerlo y ya casi nos la sabíamos. Aquella melodía pegadiza nos acompañó el resto del día.

La verdad es que me pareció admirable lo que hicieron aquellos chicos. Me sentí fascinada por su trabajo, y era estupendo ver como los más pequeños podíamos ser capaces de movilizarnos, para pedir que no se olviden de nuestros derechos. Lo único que queremos es que nos dejen estudiar y que todos podamos tener las mismas oportunidades.

 

jueves, 21 de marzo de 2013

19 de Marzo: Día del Padre y de la Nit de la Cremà

Hoy celebramos el día del padre. Fue por eso que esta mañana, nada más entrar en la clase, nuestra profesora, la señorita Paula, nos dijo que dedicaríamos el día para hacerles los regalos a nuestros papás. Toda la clase asintió entusiasmada ante la propuesta de la maestra. Entonces nos pidió que pensáramos con qué podríamos sorprenderles. Después de meditarlo durante unos minutos, empezamos a decir lo que a cada uno le parecía lo mejor. Unos propusieron una postal decorada, otros una corbata de cartulina, algunos preferían hacer un portalápices...

-A mí me gustaría un marco para poner una foto de él y mía. Así cada vez que la vea, se acordará de lo mucho que le quiero -dije de pronto poniéndome en pie.

-Eso esta muy bien ¿Qué os parece la idea de María? -preguntó la profesora dirigiéndose al resto de la clase.

A todos les pareció una idea estupenda y decidimos que era eso lo que haríamos. Ya solo nos faltaba apuntar los materiales que íbamos a necesitar para confeccionar nuestro regalo. Así que hicimos una pequeña lista de lo que precisábamos: dos cartulinas gruesas, una de color negro y otra amarillo, papel de plata, pasta alimentaria, unas tijeras y un tubo de pegamento.

Fue así, como por la tarde, llevamos a la clase todo lo necesario para comenzar con la confección de nuestro obsequio. Al principio se formó un gran revuelo, todos hablábamos a la vez de cómo debíamos hacerlo, y claro, así no había forma de entenderse. Entonces la señorita Paula nos pidió calma y empezó a organizarnos para que todo saliese perfecto. Nos dijo que podíamos ponernos en grupos de tres y así nos ayudábamos unos a otros. Por supuesto Clara y yo nos pusimos juntas. Pero como nos faltaba una para formar nuestro grupo de trabajo, y no queríamos niños, sobre todo Clara, escogimos a Alicia, para que hiciese el trabajo con nosotras.

A pesar de que ya llevaba en nuestra clase desde principio de curso, todavía seguía teniendo problemas para integrarse con los demás niños. Pero con nosotras se sentía bien, tanto que nos había contado que sus padres se estaban separando y que se peleaban por ganarse su cariño. Es por eso que su madre no le había comprado nada para poder hacer el regalo a su padre. Me costaba mucho entender la actitud de su mamá y me daba pena porque ella sufría por culpa de la guerras que sus padres mantenían.

-No te preocupes Alicia, nosotras compartiremos nuestro material contigo -le dije con una sonrisa.

-Pues claro que sí, además mi tía es una exagerada y me compró para hacer tres marcos por lo menos -nos contó Clara entre risas.

-Muchas gracias chicas, sois estupendas -dijo Alicia ligeramente emocionada.

Un par de horas después termínanos nuestros marcos, con algún que otro dedo pegado y con algún pequeño cortecito con la tijera, aunque todo muy leve. La verdad es que nos quedaron chulísimos, y ya solo faltaba ponerle la foto que llevaría por dentro. Cada uno puso la que más le gustaba. La mía era una de mis favoritas y estaba segura que a mi papá le iba a encantar.

Una vez termínanos, nuestra profesora nos recordó que debíamos entregárselo esta noche. Por último nos indicó que podíamos escribirle una pequeña tarjeta de felicitación. En ella además de felicitarle, deberíamos expresar nuestros sentimientos hacia nuestro papá. Al hacerlo, no pude evitar emocionarme, pensando en lo mucho que le quería y en lo importante que era para mí.

Cuando llegué a casa, me puse hacer los deberes a la velocidad del rayo, deseando que las horas pasaran rápidamente para poder entregarle el regalo. Por fin llegó la hora de cenar, y tan deprisa comía, que mamá empezó a regañarme diciéndome que fuese más despacio o terminaría por atragantarme. Nada mas terminar, pedí permiso para levantarme y me fui corriendo a mi habitación para buscar mi obsequio. Lo había envuelto en papel plata y le había puesto una pegatina roja que ponía ¡Feliz día papá! Volví a entrar en la cocina y me dirigí hacia él, primero le di un abrazo muy fuerte y a continuación le entregué mi regalo.

-¡Vaya qué sorpresa! ¿Es para mí? ¿Qué será? -me preguntó.

-Ábrelo y lo sabrás -le dije algo impaciente.

Comenzó a desenvolverlo con mucho cuidado para no romper el papel, y cuando lo abrió, se quedó mirándolo durante unos minutos sin decir nada. El marco era muy bonito pero lo mejor estaba dentro. Allí había puesto una foto de él y mía cuando yo era solo un bebé. Mi papá me tenía en sus brazos, y yo le miraba con una gran sonrisa, mientras con mi manita sujetaba su dedo pulgar. Aproveché ese momento, para darle la tarjeta y pedirle que la leyese. En ella ponía:

Te quiero mucho papá, porque eres mi mejor amigo.
Mi mejor ejemplo y mi mejor maestro.
Mi héroe en los juegos y mi compañero en el camino.
Porque estás siempre que te necesito.
Por todo esto te doy las gracias.
¡Muchas felicidades!

No dijo nada, tan solo me abrazó muy fuerte. Sentí todo su amor y cariño acurrucada en su pecho. Entonces me susurró al oído que estaba muy orgulloso de mí y que era la mejor hija que se podía tener. Aunque creo que exageraba y la emoción que sentía en ese momento le hacía decir esas cosas, pero fuera como fuese, a mí me gustaba.

Pasados unos minutos, mamá nos interrumpió, ligeramente emocionada, para decirnos que nos sentásemos, que ahora empezaba en la tele la Nit de la Cremà. Yo no sabía de qué hablaba y mucho menos en que idioma lo hacía. Entonces papá me contó que era una fiesta valenciana que se celebraba el mismo día del padre. Las calles de aquella ciudad estaban adornadas por figuras preciosas que representaban distintos momentos de la vida y la sociedad. Las había sobre los políticos, sobre personajes famosos, otras eran infantiles, etc. Pero sobre todo había muchos fuegos artificiales y petardos, que hacían tanto ruido que parecía que te ibas a quedar sordo. De pronto, pasó algo que me dejo atónita, aquellas figuras tan bonitas y que tanto trabajo habían dado a sus creadores, comenzaron a arder.

-Pero ¿Qué hacen? ¿Están locos o qué pasa? -pregunté sorprendida.

-No nena, esas figuras son las fallas. Su fin es arder en este día, después de días expuestas para que todo el mundo las vea y disfrute de su belleza -me explicó mi papá.

Lo que me faltaba por oír. No podía entender que quemasen algo tan precioso y que seguramente había costado un montón de trabajo y dinero. La verdad es que me daba pena ver como eran devoradas por el fuego. En vez de disfrutar con las figuras tan hermosas, lo que más les gustaba era ver como se quemaban. Hasta el punto de que le hacían una fiesta por todo lo alto ¡Que raros son los mayores!

jueves, 14 de marzo de 2013

Celebramos el Día de la Mujer Trabajadora

Esta mañana, cuando entré en la cocina para desayunar, me encontré a papá felicitando a mamá. Rápidamente repasé en mi cabeza que día era; su cumpleaños no, su santo tampoco, para el día de la madre aún faltaba, su aniversario no…pues nada, por más que pensaba no tenía ni idea de qué era lo que celebraban. No podía ser que no me acordase, y encima, no le había comprado nada.

-Lo siento mami pero no sé que día es hoy -dije acercándome a ella.

-Hoy es el día de la mujer trabajadora -me contó papá.

-¡No me digas! ¿Y qué se celebra exactamente? -pregunté curiosa.

-Pues celebramos que las mujeres tienen los mismos derechos frente al hombre, las mismas oportunidades laborales, y sobre todo, es una forma de reconocer nuestra labor en la sociedad -me explicó mamá.

-¡Eso está muy bien! Además nosotras hacemos muchas cosas importantes tanto dentro como fuera de casa -concluí muy seria.

-Tienes razón María, nosotras somos mamás, enfermeras, profesoras, cocineras, etc. Todo en una misma persona, pero lo hacemos con mucho amor, porque queremos lo mejor para nuestra familia -me dijo mi mamá.

-Por eso hoy debes acordarte de felicitar a tu maestra -me recordó papá.

-Eso haré -le contesté con una sonrisa.

Fue así, como nada más entrar en la clase, me acerqué a la señorita Paula para felicitarla. Ella me dio las gracias y me pidió que me sentase, diciéndome que precisamente ese sería el tema central del día. Una vez todos en nuestros sitios, la profesora nos preguntó que si alguno de nosotros sabía, porqué el 8 de marzo era el día internacional de la mujer trabajadora. Todos cuchicheamos al escuchar su pregunta pero nadie sabía la respuesta. Tan solo uno de los niños, de los que solían hacerse el gracioso, levantó su mano. La maestra le dio permiso para hablar, y entonces él contestó, que eso era para que se sintieran igual que los hombres y que estuvieran contentas. Algunos niños rompieron en carcajadas al escucharle, pero al resto de la clase no nos hizo ninguna gracia.

-Pues no, no es por eso. Además los hombres y las mujeres son iguales, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones -le dijo la profesora muy seria.

-Supongo que este día tiene una historia ¿no es así, señorita Paula? -pregunté de pronto.

-Claro que lo tiene María, aunque hay diferentes versiones. Lo que os voy a contar ahora es una de las que más me impresionaron y por eso hoy voy a compartirla con vosotros -nos dijo.

Comenzó contándonos que el origen del Día de la mujer Trabajadora, parece remontarse a un terrible suceso acaecido en Nueva York en 1908. Se cree que un grupo de mujeres trabajadoras, costureras de grandes fábricas, se declararon en huelga para protestar por sus condiciones laborales. Se encerraron en su centro de trabajo para reivindicar aumento de los salarios, reducción de la jornada laboral y el fin del trabajo infantil. Durante esta huelga pacífica, se produjo un incendio dentro de la fábrica donde estaban. Al parecer fue provocado por el propio empresario y en la que 129 mujeres murieron quemadas.

Aquel trágico acontecimiento hizo que cambiaran muchas cosas en el entorno laboral de las mujeres. En 1909 se celebró por primera vez en los EEUU el día de la mujer trabajadora, respondiendo así, a una declaración del Partido Socialista de América. En 1910 fue propuesto el 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Dinamarca. Al año siguiente, más de un millón de mujeres y hombres europeos participaron en manifestaciones por demandas de igualdad para la mujer. Se celebraron  mítines que exigieron para las mujeres el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Una vez terminó de contarnos aquella historia, se quedó mirándonos mientras nos preguntaba que nos había parecido. Nadie dijo nada, no sabíamos que decir, incluso los graciosos de la clase se habían quedado en completo silencio. A mi me parecía terrible que para que se reconociesen los derechos de las mujeres, tuvieran que pasar cosas tan espantosas. Me preguntaba porqué éramos tan crueles los unos con los otros. Al fin y al cabo todos somos iguales, tenemos dos brazos, dos piernas, dos ojos, nos duelen las mismas cosas, sentimos hambre, sed y frío ¿Por qué no podíamos ser buenos y solidarios?

Aquella historia me hizo ver lo importante que era luchar por lo que uno cree. La valentía de aquellas mujeres consiguieron cambiar sus condiciones en el trabajo, pero el sacrificio me parecía tremendo. Solo espero que el mundo mejore y la gente cambie su forma de pensar. Respetar a los demás y ayudar a los que lo necesitan harán de nosotros mejores personas y que nuestro mundo sea un lugar mejor en el que vivir.

jueves, 7 de marzo de 2013

Los perros también van a la peluquería

Este mediodía, justo al terminar de comer, alguien llamó al timbre. Rápidamente me levanté para abrir, y al hacerlo me encontré con Hugo, el vecino de arriba. Había bajado para traerle un juego de la Play-Station a mi hermano Pedro. Estaba acompañado de su inseparable perrito Iker, el cual, nada más verme, empezó a lamerme y a mover su colita sin parar, al mismo tiempo que emitía unos ladridos agudos un poco extraños.

-¿Por qué ladra así? -pregunté preocupada.

-Es porque le gustas tanto María, que se pone nervioso al verte -me respondió entre risas.

-¡Que ricura! A mi también me gustas mucho -hablé mirando al perrito.

-Si le acaricias despacio, se tranquiliza y deja de ladrar así -me explicó, entonces me agaché para hacerlo, pero en ese momento, Iker dio un chillido de dolor que me asustó.

-¿Qué le pasa? Le lastimé ¡Ay pobrecito! Fue sin querer -dije apenada al ver al animalito dolorido.

-No te preocupes, es que tiene el pelo tan enredado que le duelen hasta las caricias. Es por eso que voy a llevarlo a la peluquería para cortárselo -me dijo.

-Supongo que lo llevarás a la peluquería de mi madre. Además por ser tú, seguro que te hace descuento -le dije.

-Pues no, lo llevo a una de perros -me contestó.

-¿Cómo qué a una de perros? -pregunté sorprendida.

Entonces Hugo me contó que había peluquerías exclusivas para ellos. Donde los bañaban, les cortaban el pelo y les peinaban. Algunas hasta tenían ropa, además de collares, mantitas y multitud de accesorios para que estuviesen más guapos y cómodos. No podía creer que lo que me contaba fuese cierto. Ni siquiera podía imaginarme estudiando peluquería para animales. Así que le pedí que me dejase ir con él porque sentía mucha curiosidad por saber cómo eran esos sitios.

-Pues claro que puedes venir María -me dijo con una sonrisa, mientras el perrito movía su rabito como si nos entendiese y se alegrase de que les acompañase.

-Espera un segundo que voy a buscar un abrigo y vuelvo ahora -le dije mientras corría a mi habitación.

Una vez lista nos fuimos hacia la peluquería que estaba dos calles más abajo de donde vivíamos. El perrito iba feliz, correteando por la acera, olisqueando todo a su paso y meando sin parar. No entiendo porque hacia tanto pis, nunca había visto a un animalito mear tanto. Me preguntaba que con lo pequeño que era ¿Dónde guardaba tanto pis? ¿Y porque lo meaba todo? Entonces se lo pregunté a Hugo, que me contó que era su forma de marcar territorio para que los demás perros sepan que él manda. También es una manera de darles mensajes, como ellos no tienen móvil como las personas, se informan y comunican mediante su orina. Me parecía sorprendente todo lo que me contaba, y tan ensimismada estaba, que así sin darme cuenta llegamos a la peluquería de perros.

Era una tienda chulísima, de color rosa y amarillo. En la fachada tenía un cartel con unos perritos dibujados y que llevaban unos rulos en la cabeza. Al lado estaba el nombre del local que decía: “Peluquería Lolitas”. Al llegar, Hugo abrió la puerta y tiro de Iker hacia dentro, pero este se resistió echándose en el suelo como si prefiriese quedarse fuera. En aquel momento apareció una chica muy amable que nos invitó a entrar. Pero nada, el perrito cada vez hacia más fuerza para quedarse en la calle.

-¿Qué te pasa Iker? ¿No quieres que te corte el pelo? -dijo la chica acariciándole para que se calmase.

-Pues parece que no le apetece mucho, a lo mejor es que le dan miedo las tijeras -le contesté.

-¡Vaya! Hoy vienes muy bien acompañado ¡Hola guapa! Me llamo Carmen ¿y tú quién eres? -me preguntó con una sonrisa mientras entrábamos dentro del negocio.

-Ella es María, mi vecina. Su madre también es peluquera, pero de personas -le respondió Hugo que finalmente tuvo que coger a Iker en brazos para poder entrar.

-Mira que bien. Pues yo lo soy de animales ¿quieres quedarte a ver cómo trabajo? -me preguntó.

-¡Oh sí, claro que quiero! Gracias Carmen -le dije muy contenta.

Entonces pasamos a una especie de cuarto donde tenía una bañera metálica para lavar a los perritos. Al lado había una mesa con todo lo necesario para cortar y peinar al animalito. A Iker no parecía hacerle mucha gracia todo aquello, pero no le quedaba más remedio que aguantarse. Carmen le hablaba con mucho cariño y poco a poco fue ganándose su confianza y se dejó bañar y cortar el pelo sin problemas.

Al final tuvo que raparle y dejarle el pelo muy cortito. Eso era porque su amo no le peinaba y el perrito había cogido nudos que le provocaban pequeñas heridas en la piel. La peluquera le dijo que debía peinarle todos los días para evitar esas cosas. Pero Hugo no parecía muy convencido de querer hacerlo. Así que le pedí que me explicase cómo se hacía y me comprometí a peinar a Iker todas las tardes al venir del colegio. Al perrito pareció gustarle la idea, ya que no dejó de mover su rabito y lamerme el rato que estuvimos allí. Cuando terminó, estaba guapísimo. Además, como premio, le dio una chuchería por haberse portado tan bien. Fue una tarde estupenda y me encantó acompañarles. Aunque lo que más me gustó fue conocer a Carmen, era muy amable y una gran peluquera de animales.